Coaching Ontológico: El Regalo que es Aprender - Newfield Chile
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Coaching Ontológico: El Regalo que es Aprender

09/09/16

Coaching Ontológico:

El regalo que es aprender


Carolina Guevara Sanabria, tiene un profundo compromiso con la transformación humana en el propósito de acompañarlos a recordar su grandeza y conectarlos con su alma. Tiene el don de acoger, armar redes, contener y amar a las personas. Está comprometida con construir un mundo en el que los seres humanos vivan de una nueva forma, reconociendo y aceptando la diversidad, desafiando permanentemente narrativas para conectar con la esencia de cada ser. Construye junto a otros una nueva forma de relación con todos los seres que habitan la Madre Tierra, a partir de esta nueva relación, aporta a la paz de su comunidad, su país y del Mundo.  Carolina es mujer colombiana de nacimiento, esposa de Paulo, madre de Sofía, Mariana y Nicolás. Directora del Programa “El Arte de Coaching Profesional” ACP Caribe con sede en Colombia. Coach Senior, consultora, miembro del Directorio de la Alianza Newfield Proa. Actúa como representante de Newfield Network para la Región Caribe. Miembro del equipo de Lideres Iberoamericanos de la Alianza Pachamama. Conferencista, relatora, facilitadora en talleres en temas de aprendizaje.

Hay un gran dolor en la forma como nos hemos relacionado con aprender hasta este momento: el aprendizaje como un fenómeno personal, lo hemos teñido de soledad. Creemos que aprender tiene que ver con un acto individual y por ende egoísta, aprender es acumular información, usando adecuadamente esa información, obtengo poder.

Muchos estamos en la búsqueda de una nueva forma de aprender, en encontrar una más plena que nos ayude a reencontrarnos con otros en la alegría, el asombro y la gratitud de vivir. Si bien las formas de aprendizaje que hemos conocido hasta hoy nos han servido y hemos desarrollado infinito conocimiento al servicio de la humanidad, también vemos que la sabiduría que viene del alma está en la experiencia del vivir.

Aprender puede ser una experiencia que capitalice cada una de las vivencias de nuestro día a día. Cuando lo vemos así, la vida es una escuela que se convierte en una oportunidad de crecer, de re-mirarnos, por lo tanto de reinterpretar nuestras relaciones y la vida. Vivir desde allí permite que todo se vuelva una posibilidad de re-crearnos, desafiar posturas, entender el sentido de estar vivos y estar al servicio del mundo.

Mi mayor descubrimiento desde que me formé como Coach Ontológico es que el aprendizaje no lo realizo sola. El aprendizaje pasa por hacerlo en la interacción y concurrencia de otros. Aprendo de todas mis relaciones: esposo, hijos, padres y hermanos, familia, amigos; aprendo de las personas con quienes co-inspiro en mi propósito de vida, aprendo de mis relaciones con cada ser humano que se cruza en mi camino; aprendo de lo que pasa en mi ciudad, en mi país, de los lugares que visito; aprendo del canto de los pájaros en la mañana, así como de los alimentos con los que me nutro y de todos los encuentros fortuitos con los árboles, con las montañas, con las flores… En fin, aprendo de cada experiencia que el soplo de vida me permite tener. Todo se ha vuelto una escuela de profunda sabiduría para mí. En el aprendizaje he encontrado un significado para todo lo que es relevante y trascendente en mi vida.

Sumado a ello, puedo también reconocer la influencia en mí del momento histórico que estoy viviendo. La era que habitamos nos ha abocado a desafiar cómo estamos aprendiendo. He escuchado a muchos de mis maestros decir que nuestras tradicionales formas de aprender no nos permiten abordar los desafíos del mundo moderno; para mí es evidente reconocerlo en las crisis que hoy vivimos en lo personal, social y lo económico.

Las crisis personales tienen que ver con el sentido que le doy a mi vida, los roles que cumplo, mis relaciones. La sensación que todos hemos vivido de no tener las herramientas para asumir el día a día, y a pesar de hacer tanto, sentirnos solos y agobiados.

Las crisis sociales, de valores; yo reconozco como aprendí en mi historia a generar acciones no intencionales que van en contra de la vida en el planeta, de otros, de mi propia vida. Cuando por miedo solo cuido de mis “territorios”, mis creencias, fijaciones, ideologías, mi forma de ver la vida, creyendo que con ello defiendo “la verdad” siempre termino en oposición a “la verdad” de otros y por lo tanto en enfrentamiento con alguien o algo. La paradoja está en que ni yo ni ellos tenemos “la verdad”.

Las crisis económicas, energéticas, ambientales, por nombrar algunas; que hablan de haber perdido el rumbo, el norte. La falta de respeto por la naturaleza y todos los habitantes vivos sobre este planeta.

Como seres humanos hemos olvidado de dónde venimos, nuestro origen. Hemos comprado el juicio de separación, lo que ha afianzado con el tiempo la narrativa acerca de que el mundo está lleno de recursos y que podemos tomarlos sin cuidarlos, ni renovarlos. Estamos escuchando el urgente llamado a honrar el regalo que es el planeta azul, con todos los majestuosos seres vivos que lo habitan ¡Tristemente nos hacemos pasar por ciegos y sordos!

Nuestras acciones como humanidad han impactado de forma global la vida. Las crisis actuales nos abocan a una posibilidad que hoy tenemos, o nos transformamos nosotros para transformar el mundo, o la vida se encargará en su sabiduría de generar los cambios inevitables. Por ello necesitamos recurrir a reinventar una nueva manera de aprender, necesitamos reinterpretar la vida, las narrativas (juicios maestros) que aprendimos de lo que somos, de nuestras relaciones, del mundo, de la vida.

Así pues parece que la vida es la escuela que transitamos desde que nacemos hasta que morimos, nuestros maestros todo aquello que nos rodea, nuestras experiencias son las lecciones.

 ¿Qué significa Aprender?

Aprender significa reconocer los fenómenos y explicaciones del momento presente para resignificar y/o aceptar el pasado y construir el futuro. Aprender es una acción permanente que nos permite reinterpretar nuestra realidad.

Podemos observar fenómenos y dar infinitas explicaciones a lo que observamos, por eso el aprendizaje es una deriva; puede ser diverso, infinito y lleno de posibilidades, si lo abordamos con asombro y dispuestos a la aventura de transformarnos. 

Aprender es un acto creativo que genera nuevas posibilidades, ya que el aprendizaje amplía nuestra mirada del mundo. El Aprendizaje es un acto presente que nos ayuda a abordar el devenir que es la vida. Nunca somos los mismos, como seres humanos tenemos infinitas posibilidades si nos permitimos aprender para generar valor para nosotros mismos, para quienes nos rodean, para el mundo.

 Dimensiones desde donde aprendemos

En el Coaching Ontológico hablamos de que cada ser humano es un observador particular del mundo y somos observadores del mundo porque aprendemos de él. Nuestros aprendizajes vienen de todas las experiencias que tenemos en la vida, en la forma como nos relacionamos con el mundo, desde que nacemos hasta que morimos. En nuestra coherencia dinámica sobre los consabidos tres dominios que constituyen al observador: cuerpo, emoción y lenguaje, se hace manifiesto lo aprendido. También decimos que es a través de estos elementos que aprendemos y generamos acciones en el mundo.

Recientemente escuché a Julio Olalla decir: “En el coaching ontológico que practicamos en nuestra escuela aparece la inter-subjetividad: la subjetividad colectiva. Cuando conectamos con la historia y la cultura, cada ser humano deja de verse como un caso. Tenemos la tendencia como cultura a querer separar todo.  

Está apareciendo una nueva forma de aprender donde miramos sistemáticamente; así comenzamos a ver los fenómenos de una nueva manera: Los fenómenos ecológicos, ambientales, organizacionales. Cuando aparece la inter-subjetividad, podemos dejar de vernos como casos, podemos ampliar la forma en que aprendemos… Desarrollamos ojos en los que nos vemos alimentados por una historia que marca la forma como habitamos la vida.

Sin duda reconocer de donde vienen nuestras “verdades”, nos permite desafiar algunas narrativas que hoy a los seres humanos no nos sirven.  El origen de nuestro aprendizaje, tiene raíz en esas dimensiones que han construido las narrativas. Aquí describo algunas de ellas:

Dimensión Cosmológica

Del griego cosmos, “orden”,  y logia, “tratado, estudio”. Denominada también “filosofía de la naturaleza”, que “estudia todo lo relacionado con el universo: su origen, su forma, su tamaño, las leyes que lo rigen y los elementos que lo componen. A través de la cosmología aprendemos acerca de qué es la vida, cómo la entendemos, de dónde venimos.”

Nuestra cosmología moderna en el mundo occidental está basada en el conocimiento, en entender cómo funciona el mundo para obtener mejores resultados; una forma de aprendizaje que trajo infinitos desarrollos tecnológicos, sin embargo, el dolor de esta forma de aprendizaje está en que perdimos el sentido, y compramos juicio de la separación, la ilusión que tenemos acerca de que con el conocimiento podemos controlar el mundo que nos rodea.

Hoy la humanidad extraña y vuelve a recurrir a otras cosmologías, por ejemplo la mirada de los pueblos originarios que nos hablan de la interconexión de la vida, de mirar a la Tierra no como un recurso, sino como un ser vivo que tiene tanto derecho como nosotros. La Tierra para esta cosmología es una madre a la que debemos respetar, cuidar y  honrar.

Dimensión Cultural

Cultura viene del latín “cultivo” y “se refiere a todos aquellos saberes, creencias, costumbres, comportamientos y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver sus necesidades de todo tipo”.

Aprendemos ritos, danzas, la alimentación, las rutinas, los estados emocionales de cada lugar, los dichos, mitos y narrativas que nacen de la historia; por supuesto pasa por el lenguaje y los modismos en el idioma.  En un mismo país la cultura puede ser infinitamente llena de posibilidades de aprendizaje, diversa y rica.

La cultura sin duda influye en la forma como vemos e interpretamos el mundo.

Dimensión Social

Del latín “Societas”, que hace referencia a las agrupaciones humanas y a las dinámicas que suceden alrededor de ellas, se refiere a la interacción que generamos los seres humanos.

Podemos aprender formas de relacionarnos; el significado de ser familia, o de nuestros roles (hijo, amigo, pareja, amante, padre, madre).

Somos artesanos, técnicos, profesionales, trabajadores, consultores, colaboradores, emprendedores, empleados, porque con ello somos útiles a otros. Tenemos conocimientos, competencias, habilidades y dones, que ponemos al servicio de comunidades que desean interactuar conmigo para generar valor en el mundo.

Nuestra dimensión social nos hace pertenecer, con ello aprendemos a ser escuchados e influir en el mundo.

Dimensión Política

Del latín “politicus”, y es “relativo al ordenamiento de la ciudad o los asuntos del ciudadano. Se ocupa de la actividad en virtud de la cual una sociedad que es libre, es decir, que elige, está compuesta por mujeres y hombres (libres) que resuelven los problemas que le plantea su convivencia colectiva”.

En la política los seres humanos aprendemos a construir formas de pensamiento, estructuras de gobierno, reinos, jerarquías, instituciones, estados, orden, leyes, normas, reglas. Aprendemos del cuidado por el otro; de la ética, vista esta como el conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad.

Dimensión Espiritual

Cuando hablamos de espiritual, nos referimos a “la energía vital que forma parte de todo ser vivo”. Cada doctrina puede bautizarlo diferente, pero el significado es el mismo.

Aprendemos sobre la espiritualidad en diversas religiones, ritos, prácticas, creencias, formas de relacionarnos con un tipo de existencia, que podemos considerar divina. Los seres humanos hemos aprendido de un Dios, de múltiples Dioses, a ser sacro, profano, religioso, ateo o agnóstico.

La dimensión espiritual por encima de las creencias, la fe y los ritos que cada uno de nosotros practica, busca llenar nuestra vida de sentido y propósito.

Muchos de nosotros paradójicamente separamos este dominio de nuestra experiencia humana, lo aprendemos como un dogma, como una verdad; no lo incorporamos, integramos y manifestamos en nuestro presente, en nuestra vida. Quizás sea porque deseamos explicar cognitivamente los fenómenos espirituales que vivimos y por lo general no tienen explicación. Es una dimensión donde los seres humanos aprendemos del misterio y la magia de la vida.

Dimensión Epistemológica

Del griego episteme, “conocimiento”, y logos, “estudio”. Nuestra actual epistemología, viene de la descripción que hemos hecho en esta era del mundo y sus fenómenos. A partir de ello hemos creado, teorías, hipótesis, tecnologías, áreas de conocimiento, modelos, metodologías, técnicas, herramientas, habilidades.

El conocimiento apareció con la génesis del hombre para entender el mundo e interactuar con él. Actividades como la caza, la recolección, el pastoreo,  la agricultura, la tecnología, la industria, la energía, todas nos hablan de formas de hacer, que se constituyeron como tal, a través de las explicaciones que los seres humanos en su historia dieron a los fenómenos que los rodeaban.

En el tiempo, la multitud e infinitud de explicaciones e información que hemos adquirido sobre el mundo que nos rodea las hemos clasificado en áreas de conocimiento, que buscan describir los fenómenos: ciencias sociales, ciencias naturales, artes, humanidades, ciencias de la salud, matemáticas, física, química, ingenierías, entre otras.

Dimensión biológica

Del griego bíos, “vida”, y logía, “estudio”. “Es la ciencia que tiene como objeto de estudio a los seres vivos y, más específicamente, su origen, su evolución y sus propiedades: nutrición, morfogénesis (como se desarrollan las formas), reproducción, patogénesis (el origen de las enfermedades)”.

Nuestra biología, se entiende no solamente desde el conocimiento o la descripción del cuerpo entendido como objeto de estudio, también incluye nuestra energía, nuestro movimiento, nuestro actuar, nuestro emocionar, nuestra nutrición.

Aprendemos movimiento, la somática, nuestro actuar performativo. Un claro ejemplo de ello es este: “A los dos años, cuando tocamos algo caliente en el horno, aprendemos que duele. Cuando mamá dice: quema”; asociamos palabras, emociones, sensaciones corporales y damos interpretación a la experiencia. Aprendemos desde los performance más básicos: caminar, correr, saltar, alimentarnos, dormir, hasta los más complejos: relacionarnos socialmente, liderar, montar en bicicleta, manejar un auto, interactuar con la interface de un computador.

Todas estas dimensiones influyen de diversas maneras en nosotros y van constituyendo a través del aprendizaje nuestro ser/observador, conforman el tejido de nuestros aprendizajes en los diversos dominios de nuestra coherencia: lenguaje, emoción y cuerpo;  permiten el aprendizaje de segundo nivel o segundo orden, son tan diversos como el número de seres humanos que habitan este planeta.

Nos es transparente que son aprendizajes y que por lo tanto permanentemente los podemos desafiar, reaprender, transformar, reinterpretar. El regalo de verlo como narrativas, creencias, paradigmas, juicios maestros, es que son explicaciones que alguien creó en algún momento, alguien que explicó la vida desde su propia experiencia.

Los Modelos Tradicionales De Aprendizaje

En el mundo posmoderno que vivimos tenemos exceso de información, sabemos mucho de muchas cosas y todo ello no sabemos cómo ponerlo en acción en el día a día. Tu felicidad no depende de cuánta información acumulas sino del conocimiento que incorporas y trasmutas en sabiduría que pones al servicio de tu vida.

Aprender es un acto que se va desarrollando a través de la vida de diversas formas. Creímos que la educación formal, el colegio, la universidad, los posgrados, maestrías, doctorados y todas formas de estudio tradicional, nos serían suficientes para aprender, y hemos visto como ello es solo parte de un largo camino de lo que llamamos “el arte de vivir”.

Otrora considerábamos inteligente a aquel que tenía la capacidad de retener, memorizar y poner en práctica información y conocimiento. Lo que llamamos inteligencia, viene en muchas variedades. Howard Gardner, psicólogo y profesor de la Universidad de Harvard y de la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston, identificó siete de ellas: lingüística, musical, lógica/matemática, espacial, kinésica y dos tipos más de inteligencia, que pueden ser descritas como interpersonal e intrapersonal. Aprendemos a través de estas siete por lo menos.

Cada uno de nosotros viene equipado con las suficientes habilidades básicas en todos los ámbitos para poder alcanzar ese aparentemente misterioso estado al que llamamos maestría; en alguna forma de pensamiento y expresión, en alguna empresa interpersonal o empresarial, en algún arte u oficio. Para nuestro alivio, dado que poseemos inteligencia y capacidad de aprender, los humanos somos una especie en constante evolución de nuestra conciencia.

El Nuevo Aprender:

Solo necesitamos una información básica: ¡Estamos vivos! Tanto como todo lo que nos rodea, la vida está en todo. Podemos inhalar y exhalar vida, estar en contacto con la manifestación de la sabiduría y los conocimientos en ella ¡podemos aprender!

¿Imaginan un mundo en el que los seres humanos aprendamos a relacionarnos amorosamente con nosotros mismos, con la vida? ¿En el que podamos aprender a estar presentes? ¿Un mundo en el que sí nos equivocamos, aprendemos una y otra vez, y lo celebramos? ¿Un mundo en el que el aprender sea amable y puesto al servicio? ¿En el que nuestras explicaciones sean permanentemente desafiadas y en el que la colaboración sea posible?

Invoco para el nuevo aprender algunas de las palabras que en mi experiencia me han servido: Amor, equivocación, humildad, compasión, empatía, asombro, gratitud, frustración, generosidad, vulnerabilidad, servicio, caos, grandeza, creatividad, sin sentido, búsqueda, colaboración, coraje, conversaciones, desafío, miedo, solidaridad. El nuevo APRENDER necesita que los seres humanos integremos todo aquello que juzgamos que nos sirve, así como lo que juzgamos inservible. En el aprendizaje no hay nada desechable, por el contrario es un espacio inclusivo, integrador y compartido.

Desde mi Experiencia

Crecí como muchos, con una serie de creencias acerca de lo que estaba bien y lo que estaba mal. Desde muy pequeña me conté la historia acerca de que si hacia lo que me decían mis padres, mis maestros, mis jefes, la autoridad, me iba a ir bien en la vida, iba a tener un lugar, iba a ser amada. Mi educación estaba basada como la de muchos en el premio y el castigo, aprendí entonces, a cumplir reglas.

Fui lo que para muchos es una persona adecuada. Hacia lo que tenía que hacer, ¡aprendí un deber ser! Ese deber ser me ha traído infinitos aprendizajes, me ha dado muchos resultados, reconocimientos, me ha hecho pertenecer. ¡También me ha traído costos!

Lo he podido ver en mi historia; estaba dividida desde que nací, porque tengo muchos juicios que construí de mis aprendizajes en las diversas dimensiones que me han ido constituyendo como ser humano. He negado muchas veces en mi vida quien soy, por aquellas narrativas que aprendí y que me impuse.

Con la dicotomía de mi aprendizaje, pensé que había nacido fallida. Uno de los juicios maestros que yo aprendí en el trasfondo fue: “YO NO SOY NADIE”, un juicio con una carga emocional enorme, que trajo acciones de esfuerzo,  sacrificio y comparación con otros, que derivaban en culpa cuando no cumplía con los estándares que aprendí y me autoimponía. Mis acciones entonces tenían que ver con demostrarle al mundo que hacia las cosas bien, de acuerdo al formato que aprendí, para corregir que yo era un “errorcito de la naturaleza”. Es por eso que siempre quise ser en mis estándares la mejor en todo: la “mejor” hija, estudiante, la “mejor” amiga, la “mejor” profesional, líder, mamá, esposa… Derivas de comportamiento, dirían mis amigos Paz y Roco.

Mi aprendizaje ha sido profundamente transformador en la medida en que me doy cuenta que necesito re-crearme, reinventarme, reconocer quien soy realmente. El devenir de la vida me lo ha enseñado en cada nuevo reto que me trae: necesito darme cuenta quien estoy siendo para seguir aprendiendo. Reconocerme es un proceso caótico, desafiante y doloroso, y cuando logro atravesar mis miedos puedo ver el milagro de la vida develarse ante mí.

El aprendizaje transformacional nos impone desafiar lo que juzgamos que debemos ser, para ser el regalo que realmente somos. Esto solo sucede si aprendemos a reconocer el lugar de partida, lo que estamos siendo hoy, lo que ya no nos sirve, desafiando lo que aprendimos para dar lugar a nuevas elecciones en  nuestras vidas y llegar a nuevos propósitos e intenciones.

El Aprendizaje En Comunidad

“Quiero servir a la gente para que encuentren el camino para ser felices, porque sé que si ellos no son felices, yo no puedo ser feliz!”

Si tenemos la capacidad de transformar nuestro mundo, llenarnos de libertad, paz y fortaleza para elegir la vida que deseamos, para encontrar el sentido que cada experiencia trae a nuestra vida, para aprender en cada paso, tendremos la capacidad de acompañar a otros a hacer lo mismo.

Compartir nuestro aprendizaje, nos permite conectarnos profundamente con el tejido de la vida, con nuevos y grandes propósitos. Con las experiencias, las relaciones, la conexión con lo que nos rodea reconocemos quiénes somos, para qué estamos aquí; dejamos de sentirnos solos pues nos damos cuenta que nuestros dolores son los mismos de todos los seres humanos.

La invitación es a que nuestra esencia sea el regalo, poniéndola al servicio reconozcamos nuestros dones y en el encuentro con otros nuestra vida se llene cada vez más de sentido!

Será necesario entonces que aprendamos a escuchar, legitimar y comprender el sufrimiento del otro, acompañarlo, reinterpretarlo y con ello, transformarlo. Eso solo lo logramos si lo hemos podido hacer con nosotros mismos. Hacerlo en mí liberará un auténtico amor y una profunda compasión para otros, pues así entiendo que eso que pasa en mí, pasa en muchos otros seres humanos. Amar y servir a alguien siempre genera una auténtica y verdadera alegría en nuestra naturaleza humana.

El aprendizaje con otros es inclusivo, no tiene fronteras entre “yo” y “tu”. Al aprender de la vida, el sufrimiento del otro es mi sufrimiento, mi felicidad es tu felicidad. El aprendizaje desde el amor, el asombro y la gratitud abraza a todos, abraza al planeta, trae un profundo y nuevo sentido a la vida.

Yo quiero transformarme, porque mi transformación facilita la transformación de otros, eso trae bienestar a mi vida, la de mi familia,  mi comunidad, mi país, a mi bella Madre Tierra.  Mi aprender permite una buena vida para todos. Cuando soy más consciente de mi misma, cuando logro darle sentido a mi vida, logro un vivir más amable para el mundo.

Para cerrar este escrito, honrar la conexión y el aprendizaje con el todo, les regalo un texto del maestro Tich Nhat Hanh, Ser es Entreser:

“Si eres poeta, verás claramente que flota una nube en esta hoja de papel. Sin nube, no habrá lluvia; sin lluvia, los árboles no crecen; y sin árboles, no podremos hacer papel. 

 Para la existencia del papel es esencial la nube. Si no está la nube, tampoco puede estar el papel. Así, podemos decir que la nube y el papel entre-son. La palabra “entreser” aún no está en el diccionario, pero si combinamos el prefijo entre con el verbo ser, tenemos un nuevo verbo, entreser. Sin una nube, no podemos tener papel, de modo que es posible decir que la nube y la hoja de papel entre-son.

 Si miramos más profundamente esta hoja de papel, veremos en ella la luz del sol. Sin la luz del sol, el bosque no puede crecer. De hecho, nada puede crecer. Aún nosotros no podemos crecer sin la luz del sol. Así pues, sabemos que el sol también está en esta hoja de papel. El papel y el sol entre-son. Y si seguimos mirando, podemos ver al leñador que cortó el árbol y lo trajo al molino para transformarlo en papel. Y podemos ver el trigo. Sabemos que el leñador no puede vivir sin el pan cotidiano, así que el trigo que se convirtió en su pan también está en esta hoja de papel. Y el padre y la madre del leñador también están. Cuando lo vemos así, vemos que sin todas estas cosas, esta hoja de papel no puede existir.

 Mirando aún con mayor profundidad, vemos que nosotros también estamos en ella. Esto no es difícil de ver, porque cuando miramos una hoja de papel, forma parte de nuestra percepción. Tu mente está aquí y la mía también. Así que podemos decir que todo está aquí en esta hoja de papel – el tiempo, el espacio, la tierra, la lluvia, los minerales de la tierra, el sol, la nube, el río, el calor. Todo coexiste con esta hoja de papel. Es por ello que creo que la palabra entreser debería estar en el diccionario. “Ser” es entreser. No puedes ser por ti mismo; tienes que entreser ser con todas las demás cosas. Esta hoja de papel es, porque todo lo demás es.

Supongamos que tratamos de regresar uno de los elementos a su origen. Supongamos que regresamos la luz al sol. ¿Crees que esta hoja de papel sería posible? No, sin la luz de sol nada puede ser. Y si regresamos al leñador a su madre, tampoco tenemos papel. El hecho es que esta hoja está hecha solo de elementos que no son papel. Y si regresamos estos elementos a sus orígenes, no puede haber papel del todo. Sin los elementos que no son papel, como la mente, el leñador, la luz del sol, no habrá papel. Así de delgada como es, esta hoja de papel contiene todo el universo”.