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La raíz de nuestro mundo emocionalr

12/10/16

La raíz de nuestro mundo emocional

Columna Introductoria


Paz Zagal.
Coach Senior de la Escuela Internacional de Coaching Ontológico de Newfield Network, Directora del ACP Chile y Directora de Programas de Formación Inicial para Latinoamérica. Coach mentora y relatora del ACP Senior, Directora del RCC en Chile en diversas versiones. Relatora y Coach del programa avanzado de coaching Cuerpo & Movimiento. Conferencista y consultora en procesos organizacionales en Chile, Argentina Perú, Colombia, México.

 

Como observadores del mundo, cada uno de nosotros,  accede a el y lo ve de una manera diferente. Esta frase, con la que comenzamos esta reflexión, es absolutamente clave para el mundo emocional.

Entenderemos como mundo emocional, al campo de posibilidades que se origina en la relación con los diferentes contextos que habitamos o hemos habitado. Existirán en nosotros tantos campos emocionales como relaciones estemos conectando o históricamente hemos conectado. El mundo emocional es un complejo e infinito racimo de campos emocionales.

¿Dónde se originan nuestras emociones? ¿Qué hace que tengamos algunas emociones más a la mano que otras? ¿Qué sucede que algunos vivimos la vida desde la esperanza, gratitud o entusiasmo y otros desde la desconfianza, el resentimiento o la resignación? ¿Qué hace que existan estas diferencias?

Hemos conversado en muchas ocasiones, sobre lo sorprendentemente distinto que es una misma situación vista desde una emoción que desde otra. Cada campo está especificado por determinadas emociones, que predisponen a posibilidades y acciones muy distintas. Los campos emocionales están constituidos por nuestras emociones y estados de ánimo. Sabemos que lo dicho, desde una emocionalidad en particular, es muy diferente, si es dicho, desde otra. Aunque lo literal, sea exactamente igual. Si decimos: “es importante que tengamos una conversación”, desde la ternura, se escuchará y generará posibilidades distintas si se dice, desde la rabia, la sospecha o la culpa.

Es tan relevante nuestro mundo emocional y le hemos dado históricamente tan poca importancia en el aprendizaje. Afortunadamente, este es un camino que el mundo de hoy empieza a escuchar y a tomar en cuenta. La profundidad de los estudios está cada vez dando más luces sobre la importancia de las emociones para la vida y las relaciones. Y estamos recién empezando. Todavía queda la gran parte del “iceberg” por descubrir, que intuimos nos regalará poderosas nuevas posibilidades.

En esta misma línea, continuemos, ¿De dónde viene nuestro mundo emocional?

Retomemos y distingamos que el mundo emocional que habitamos, está determinado por nuestro mundo relacional. Y en consecuencia, nuestro mundo relacional, a su vez, está determinado por nuestro mundo emocional.

Para este escrito en particular cuando hablamos de mundo relacional nos vamos a referir a las relaciones, en tres grandes dominios: la relación conmigo mismo, la relación con los otros y al espacio relacional con el mundo.

1.- Yo con relación a mi (yo con yo)

2.- Yo con Otros

3.- Yo con el Mundo

Cada dominio relacional que les presento nos inspira preguntas:

En la relación de Yo con relación a mí, yo con yo, las preguntas que les propongo son: ¿Qué emociones te aparecen con respecto a ti? ¿Con qué estado de ánimo te relacionas contigo? ¿Qué emociones con respecto a ti mismo te abren y cuáles te cierran posibilidades?

En cuanto al yo con los otros, las preguntas que te invito a reflexionar son: ¿Qué emociones y con qué estado de ánimo te relacionas con tu pareja, con tus hijos, con tus padres, hermanos, amigos, equipos de trabajo? ¿Qué nuevas emociones han aparecido disponibles para ti en los últimos años? ¿Es posible aprender a enriquecer la relación con otros, aprendiendo nuevas emociones?

Si piensas en la relación con las diferentes dimensiones del mundo de hoy ¿Qué emociones te aparecen cuando miras los grandes conflictos que existen en torno al liderazgo, la política, la educación, las guerras, el trabajo, los géneros, los movimientos sociales, migraciones, la religión, etc.? ¿Qué emociones tienes en relación a tu país? ¿Qué emociones te aparecen cuando sueñas el mundo del futuro, por ejemplo, en veinte años más?

Lo que quiero compartirles en este artículo, es que nuestros campos emocionales están impregnados por nuestra historia. Éstas, nuestras emociones y estados de ánimos, no son tan “nuestras”. Su raíz es una deriva de vida, que es bastante más antigua que nosotros. Esas emociones tienen mucho de nuestros padres, del linaje, de la nacionalidad, la cultura de donde vengamos. Claramente marcadas por la historia y el contexto cultural, en que la vida se ha desarrollado.

Es muy diferente la deriva emocional dependiendo de donde se haya nacido, de donde vienen los padres, de las narrativas naturales y espontáneas que acompañaron el crecimiento, de las máximas o juicios maestros que se recibieron como aprendizajes sobre la vida, lo que significa ser mujer, el ser hombre, el dinero, lo que es justo o no, lo que está bien o mal, etc.

Si pensamos, cual es la deriva emocional de Japón, sin duda destaca el honor como un movimiento emocional importante que marcará las dinámicas relacionales. Distinto es si miramos E.E.U.U., donde el ser ganador o perdedor, determina en gran parte la deriva emocional de ese país y sus posibilidades relacionales. En Chile “el sentirse” (ofenderse o molestarse en silencio cuando me siento afectado), la desconfianza, y la trivialidad, marcan  casi todas las formas de relación.

Así, podemos mirar marcadas diferencias, en las dinámicas relacionales que especifican estas derivas emocionales, que son nuestras y no lo son tanto. Y que determinan desde donde vivimos la vida, desde donde interpretamos nuestras historias y también determinan los quiebres que declaramos o los que no. Es más, lo que es un quiebre y lo que no lo es.

Entonces nuestro mundo emocional está claramente marcado por la historia, y cuando decimos “historia” distinguimos: la historia de nuestra era, de la cultura a la que pertenecemos y de nuestra familia o linaje, y a esto le estamos llamando deriva de vida.

Dado esto, es interesante para conocer sobre nuestro mundo emocional, mirar por ejemplo ¿Cuál es la deriva emocional a la que nuestra era nos lleva? A mi juicio nos lleva a exacerbar la ambición, la competencia, la utilización de nuestra naturaleza como recurso, al tener más, el refugiarnos rígidamente en marcos relacionales conservadores, a las relaciones utilitarias y desechables. Sin duda, la actual deriva,  tiene impacto en el mundo emocional de cada uno de nosotros y la manera en que lo hace requiere un mayor  y más profundo análisis.

Por otra parte, una pregunta que necesitamos hacernos cuando queremos saber más de nuestras emociones es ¿Cuál es la deriva emocional a la que me lleva la cultura a la cual pertenezco o en la que he crecido?

También necesitamos preguntarnos por la familia, el linaje, ¿Cuál es la biografía emocional propia?, mirando cómo desde ahí, se formó nuestro mundo emocional.

Al  mirar mi biografía emocional, me aparece mi abuelo. Hijo de  madre alemana, estructurado, ordenado, puntual, controlador, estricto y tremendamente al  servicio de los otros. Sin duda que ese mundo emocional de mi abuelo es parte fundamental de la sangre que corre por mis venas y de mi vivir emocional.

Estoy diciendo que cuando hablamos de transformación, aprendizaje y mundo emocional, no podemos dejar de mirar lo que nos precede y lo que nos constituye. Nuestra historia nos constituye y claramente determina nuestro mundo emocional, en todos los ámbitos de la vida.

Cuando nos proponemos trasformar y ampliar el observador que somos no podemos dejar de mirarnos dentro de un contexto histórico – cultural. Ahí está la raíz de nuestro mundo emocional.

Estudiar nuestra historia, cultura, linaje, nos permite entendernos y entender a nuestros coachees, legitimando el lugar desde donde venimos. Esta es una gran oportunidad para no vernos como si fuéramos “casos” o de caer en la tentación intelectual de ver como “casos” a los otros.

Si vemos que los quiebres que nos ocurren o que las dificultades que tenemos son parte de una deriva histórica, podemos elegir aprender. Esa es la gran invitación: la libertad transformacional de la elección.

Elegir cambiar la deriva o complementarla con nuevos campos emocionales o ser generador de una nueva deriva, es posible para todos nosotros. Liberarnos de vivirla como una condena. Nuestra historia puede ser una condena de vida o ser una posibilidad de aprendizaje y transformación. Este  camino se construye aceptando la historia, agradeciendo, perdonando, honrando y desde ahí transformando aquello que no queremos que sea herencia para nuestros hijos y nietos.

Este es un camino de aprendizaje, que como todo andar, tiene sus espacios de ambivalencia y recaída. Los invito a ser compasivos con ustedes mismos, en estos parajes llenos de posibilidades que estamos, todos juntos reconociendo. Sumerjámonos a encontrar las raíces de nuestro mundo emocional hasta lograr la pacífica libertad.