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El efecto del discurso cultural en la familia árabe: Una mirada y evolución generacional desde el género femenino

21/11/19

Por Francisco Kuncar Campbell

Programa ACP Avanzado, año 2019

Resumen: El artículo presenta una visión ontológica de la mujer con ascendencia árabe a través de las diferentes generaciones en donde en base a evidencia experiencial e indagatoria se desmenuza el efecto del discurso cultural árabe en el ser mujer. Se presentan y exploran varios fenómenos, se les da nombre a elementos distintivos que aparecen en la indagación y se contrastan con las diferentes explicaciones y observadores que emergen a partir de las generaciones, encontrando juicios y mandatos culturales en diversos dominios de la mujer. Se pueden observar fuerzas conservadoras y transformadoras que se van confabulando a favor de mantener o salir del discurso cultural. Esta mirada ontológica también puede utilizarse como un mapa de distinciones para coaches que estén llevando procesos de acompañamiento a coachees mujeres con ascendencia árabe.

Palabras claves: Cultura árabe; Ser mujer; Discurso generacional; Fenómeno y explicación; Juicios; Mandatos

Abstract: These article presents an ontological vision of women with Arab ancestry through the different generations where, based on experiential and investigative evidence, we break down the effects of Arab cultural discourse on being a woman. Several phenomena are exposed/explored and distinctive elements that raises in the inquiry are named and contrasted with the different explanations and observers that emerge from various generations, finding cultural judgments and mandates in diverse aspects of women, observing conservative and transforming forces that are conspiring in favor of maintaining or leaving the transparency of cultural discourse. Also this ontological look, can be used as a distinctions guide map for coaches who are carrying processes of accompaniment to female coachees with Arab ancestry.

Introducción:

Soy un hombre con descendencia árabe palestina de 41 años. He estado ligado a esta cultura a través de relaciones con mi familia paterna, con parentescos en primer y segundo grado. Gran parte de ellos viven actualmente en el sur de Chile, en donde arribaron inicialmente los primeros migrantes de la colonia a fines del siglo 19. Desde muy temprana edad, cuando empecé a identificar la idea de lo que era ser hombre y la forma en que se vivía la masculinidad (sobre todo lo relacionado al machismo), influenciado en lo que veía en el mundo árabe, generó un alejamiento y rechazo no solo al dominio familiar y del ser hombre, sino que le dije NO a mi linaje árabe. Este alejamiento se prolongó hasta hace un año y medio atrás, momento en que inicié un importante proceso de trasformación a través del programa ACP de Newfield Network, en donde al mirar todos estos juicios con los cuales crecí y me formé, me di cuenta que precisamente esos juicios que a mí me alejaban de la cultura y que rechazaba del discurso cultural, terminaron siendo, paradójicamente, parte de mi actuar en la transparencia. Hoy, desde un lugar de reencuentro con lo árabe y de consciencia de quien estoy siendo dado este descubrimiento, me surgió la inquietud de conocer el otro lado de la historia inspirándome a dar una mirada ontológica que de espacio y voz al discurso femenino de la cultura árabe. Para iniciar este camino, me planteé las siguientes inquietudes ¿Cómo se relacionan las mujeres con la masculinidad?, ¿Cómo es el ser mujer estando inmersa en este linaje? y ¿Cuáles son los costos que esto ha tenido?, ¿Cómo ha evolucionado el discurso árabe con el paso del tiempo?, ¿Cuál(es) son factor(es) común(es) en todas estas mujeres?, ¿Cuánto podrán estar desafiando y enfrentando estos juicios?, ¿Cuáles serán las conductas que se exacerban en esta cultura? Esto me inspiró para abrir conversaciones con mujeres de edades entre 33 y 78 años, todas ellas descendientes de padres o madres árabes a las cuales aprovecho de agradecer por su generosidad de haber aceptado la invitación a abrir estos espacios de conversación.

Desarrollo:

Dada mi experiencia y sumado a lo que he podido escuchar en diversos espacios a lo largo de mi vida, un elemento fundamental y distintivo del discurso árabe es la devoción por lo masculino, el cual se presenta de manera transversal en todas las generaciones, generando un impacto en la forma que la mujer árabe se relaciona con su ser mujer. Algunas citas tales como “es una bendición tener hijos y nietos hombres” y “mi papá tenía la expectativa que yo fuera hombre” entre otras, dan cuenta del peso cultural que se arrastra desde “la Arabia en la etapa pre islámica en la cual era común que los padres se disgustaran y llegaran a enojarse al extremo con el nacimiento de una niña a tal punto que muchos lo consideraban como una maldición[1]. Pues bien, el efecto que ha tenido este elemento en las diversas generaciones, aparece de forma muy marcada en el relato y, sin embargo, se encuentra en la total transparencia, teniendo como principal consecuencia que el rol de la mujer en esta cultura, se concibe con una desventaja base respecto del rol del hombre.

Desde mi mirada, aparece una maniobra que yo denomino “masculinización de la mujer” como una especie de movimiento adaptativo en respuesta a las limitadas posibilidades que propone el mundo árabe para el desarrollo y visibilización de la mujer. Con esta maniobra aparecen diversos efectos tales como: trastornos en la identidad femenina, conflictos con el ser mujer, en cómo se muestran y aparecen desde lo femenino, en las relaciones laborales, sociales y de pareja.

Otro elemento que aparece es la asimetría relacional entre mujeres y hombres en la cultura árabe, en donde he observado una intensidad de esta a niveles muy altos en las generaciones pasadas, las cuales con los cambios de la sociedad han bajado fuertemente su intensidad en las generaciones actuales. Frente al fenómeno que aparece en la cita “mi papá me obligó a salir a trabajar apenas terminé el colegio pues teníamos que pagarle los estudios a mi hermano que luego podría entrar a la universidad” habla de cómo las generaciones de abuelos dejaban en segundo lugar a una mujer a pesar de ser la que correspondía en descendencia, favoreciendo culturalmente al hombre que venía. También vi situaciones en familias con dos o más hijos contemporáneos a mí, en donde por edad, el hombre es el mayor y la mujer la menor y frente al fenómeno que ambos aprobaron sus exámenes de conducir con máxima puntuación a sus 21 años, la madre de familia a pesar que la hija tenía licencia en mano, no la dejó salir a conducir sola en su propio auto durante mucho tiempo. Incluso, la hija cita “prefiero hasta sacarme la cresta manejando que sentir ese miedo que mi mamá me transmitía para manejar” mientras que el hijo mayor nunca fue objeto de aprehensión ni prohibición alguna de esa índole por parte de la misma madre. También frente a promedio de notas escolares similares, para ambos casos superior a 6, la manifestación de las mujeres mayores de la familia para con ella, eran “pobrecita ella, tanto que le cuesta” mientras que el hijo mayor era tildado socialmente como el “inteligente” de la familia. Todos los costos, que han traído para aquellas mujeres con hermanos hombres mayores han sido de una auto exigencia, ansiedad y validación constante en cada cosa que hacen en cualquier ámbito de sus vidas con tal de lograr la ansiada validación externa, la cual al parecer desde el momento de su nacimiento, ha sido un tema cultural con el que han tenido que lidiar.

Un par de hechos interesantes es que estos fenómenos y muchos otros más que no consigno en el artículo, son reconocidos por madres e hijas, pero para las generaciones de mayor edad, aparecen desde una transparencia que no les permite ver su explicación como algo que ellas vieron sino como que “así son las cosas”. Por otro lado, se produce un doble efecto que va en desmedro de esta asimetría. Inicialmente lo comentado en el párrafo anterior relacionado a la devoción a lo masculino que se une al hecho que son generalmente las mismas mujeres de la familia y del clan aquellas que fomentan con sus discursos y acciones estas desigualdades, que mientras no salgan de la transparencia, seguirán perpetuándose generación por generación, en diferentes tonalidades, de acuerdo al contexto en que está inmersa la mujer. Es aquí, por ejemplo, donde toma forma el desafío que tenemos como coaches de acompañar a develar este mundo explicativo, pudiendo a mi juicio tener un tremendo efecto, tal cual lo señala Ana María Torres, en cuanto a “sacarle a la voz de la cultura, su velo de silencio[2].

En esta misma línea, en los diversos relatos, aparece otro factor de fuerte asimetría en el mundo árabe, relacionado a como aparece la mujer en lo colectivo familiar versus lo personal, en el cual juzgo vale la pena detenerse. La postergación personal que vive la mujer de la cultura árabe, independiente de la generación a la que pertenezca, aparece de manera muy marcada en el discurso de género y asimismo reafirmada por lo cultural. El factor de unión familiar, del clan, del rito de los almuerzos dominicales en donde el trabajo de horas y horas cocinando por parte de las mujeres se ofrece a disposición de los comensales por el hecho de mantener el vínculo y la unión familiar a como dé lugar, habla mucho de la necesidad de ser manada frente a todos los grandes conflictos en el mundo árabe, los cuales han instado a huir a las familias una y otra vez en busca de paz y mejores oportunidades. Es aquí, donde la mujer aparece por un lado con el arquetipo de la guerrera muy instalado en este clan, sosteniendo y movilizándose a través de la adaptación a un núcleo familiar y a los otros, poniéndose al servicio total de este fin. En muchas familias árabes la imagen de la abuela marca y representa el molde cultural de una generación en donde queda muy en evidencia el esfuerzo en mantener una casa (a pesar incluso de trabajar fuera de ella), en lo relacionado a la alimentación, vestuario, limpieza, mantener todo listo e impecable para el hombre y el resto de los integrantes de la familia. Desde este lugar, muchas mujeres al momento del fallecimiento de sus madres han tenido que aprender, sin querer ni desearlo, a tomar estos roles. Citas tales como “El ser mujer me lo he vivido súper nómade tomando a la familia y siguiendo al hombre proveedor sin opción de elegir”, “fui muy sumisa y guerrera a la vez para poner límites ante los cambios y poder sostener el espacio al servicio del resto”, “como mujer e hija, siempre tuve que estar preparada para las necesidades que tuviera mi familia”, “me postergué como mujer, de pololear, de jugar” son ejemplos muy concretos de mujeres contemporáneas a mí y que hablan de algo que les tocó vivir, pero que hoy, muchas de ellas, han logrado trascender en base a sus darse cuenta de lo que sufrieron ellas mismas, sus madres y abuelas. Sin embargo, la asimetría vuelve a surgir cuando la mujer quiere aparecer para ella y al servicio de ella, lo cual se ve en diferentes dominios tales como: el ser madre, el ser trabajadora dándolo todo por “la pega”, e incluso desde una mirada basada en la autoridad, las mujeres tienden a relacionarse con los hombres corporalmente mirando hacia arriba y entre mujeres mirándose hacia abajo. No obstante lo anterior, al recoger testimonio de sus madres, ninguna de ellas declara explícitamente sentir dolor, ni insatisfacción y solamente distinguen algo de sumisión en sus vidas. Por ejemplo, “el entregar es súper importante, más que preocuparte de ti misma”, “el amor entre hermanos y a nuestros hijos es lo único que nos va quedando”, “mi misión siempre ha sido unir a la familia, es lo más importante para mi independiente el esfuerzo que tenga que hacer”. Desde aquí, escucho un convencimiento del discurso de manera tal que ni siquiera les hace posible sentir alguna ráfaga de viento en sentido opuesto a lo que ellas ven. En el plano emocional, las mujeres declaran haber sentido miedo, angustia, ansiedad e inseguridad en su pasado, lo cual también ven claramente en sus madres y abuelas, las cuales tampoco mencionan sentir estas emociones sino más bien declaran: “Hay que aceptarlo sino no te queda de otra”, “el pasado, es pasado”. Aquí aparece la resignación frente a lo pasado lo cual juzgo talvez está siendo una movida generacional para evitar mirar el profundo dolor que debe existir tras esta postergación del ser mujer para ellas.

La sumisión de las mujeres árabes frente a lo masculino, la autoridad y lo establecido en los mandatos culturales, aparece sin excepción y con mucha fuerza en las generaciones pasadas. Algunas citas: “mi mamá fue muy sumisa, sacrificada, cocinaba todo el tiempo en función de la familia atendiendo a los hombres”, “mi papá obligó a mi mamá a jubilarse para que los dos estuvieran más tiempo en casa”, “mi mamá trabajaba para mi papá… hasta le ponía los calcetines”, “mi mamá no disfruto su vida”, “ella terminó con depresión y con cáncer pulmonar”. Es común ver en las generaciones actuales una disminución importante de esta característica de las mujeres árabes en donde el rol de la educación, la inserción a un mundo laboral más amplio, la transformación de la sociedad y la posibilidad de mayor acceso a otras realidades han impulsado este proceso cultural.

Una distinción interesante que observé es la que se puede plantear entre el servir y someter en donde la primera va de la mano con un contexto de igualdad basal entre seres humanos mientras que la segunda habla de una relación sin reciprocidad en donde no hay posibilidad de elección ni de cuestionamientos frente a lo que está establecido. El ver esta distinción en mujeres de la cultura árabe puede ser una gran llave para abrir la puerta a relaciones más reciprocas, equilibradas y sanadoras.

En los relatos, aparecen también consistentemente algunos elementos del mundo de las distinciones que tenemos como coach que se sitúan de manera muy característica en la cultura árabe, asociadas al ser mujer. Algunas de ellas son:

  1. Coordinación de acciones en un ámbito de acción muy reducido
  2. Capacidad baja de realizar pedidos.
  3. Desequilibrio existente entre el ser y el hacer
  4. Relación de temor con la autoridad y el poder
  5. Relación con el dinero desde la escasez
  6. Arquetipo de la rendida
  7. Fuerte auto exigencia y falta de aceptación

Conclusiones:

En base a las experiencias que he tenido con la cultura árabe y la indagación de las interrogantes planteadas en el artículo en relación a como las mujeres han lidiado con los juicios que arrastra el discurso cultural, han aparecido evidencias que nos develan: mandatos que nacen del discurso cultural, diferentes explicaciones generacionales en base a un mismo fenómeno, el mundo emocional y relacional y el efecto cultural de miles de años de historia por mencionar algunos.

Entre aquellos elementos que hemos visto juegan un rol distintivo en la vida de las mujeres con ascendencia árabe, destaco:

  • La devoción por lo masculino y su efecto en la “masculinización de la mujer” dentro el linaje
  • La asimetría relacional entre géneros en la cultura árabe y su efecto en el ser mujer en el mundo a través de sus relaciones
  • El contraste entre la postergación personal y el estar al servicio de otros (léase familia, pareja, círculos sociales, etc.)
  • La sumisión y el sometimiento de la mujer frente a la autoridad y el poder.

Lo anterior es una evidencia que la cultura árabe se ha forjado en la historia asignándole al hombre mucho poder dejando relegada a la mujer en un segundo plano. Sin embargo, en la actualidad, los cambios culturales, los niveles de insatisfacción, la apertura de la sociedad en ciertos ámbitos está permitiendo que este derrotero vaya modificando su curso histórico, y es precisamente en estas nuevas generaciones, donde se aprecia un discurso cultural que va perdiendo fuerza, en donde emerge el ser mujer con otras posibilidades en donde la resignación da paso a la emoción de la esperanza, la asimetría fluye hacia un lugar más equilibrado desafiando la historia y abriendo el espacio de posibilidades a través de este nuevo observador generacional que busca conquistar nuevos territorios en el ser mujer.

Así también, toda esta información recogida relacionada a la ontología de la mujer en el mundo árabe, puede ser usada como un potente mapa para coaches al servicio de procesos de coaching individual para mujeres de ascendencia árabe.

Referencias:

Ana María Torres (2019). Profundizaciones en Temáticas de Coaching: La Mirada de Género.

Conversaciones individuales de indagación realizadas con 7 mujeres de ascendencia árabe.


[1] Extraído de http://womeninislam.ws/es/status-of-women-throughout-the-ages.html

[2] Ana María Torres: “Profundizaciones en temáticas de coaching: La mirada de género”. Santiago, 2019