La tormenta perfecta - Newfield Global
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La tormenta perfecta

27/05/16

Rodrigo “Roco” Pacheco: Coach Senior, con más de 20 años de experiencia. Certificación PCC de la ICF. Educador de la Universidad de Chile. Coach Ontológico de Newfield Network desde el año 1994. Director de Programas Avanzados de Newfield Network. Creador y Director del Programa Avanzado de Coaching Cuerpo y Movimiento. Experto en desarrollo de modelos avanzados de intervención corporal/somático en el arte del coaching. Ha formado parte del equipo de ponentes que sostienen la formación de coaches en los Programas: “El Arte del Coaching Profesional, ACP” y “Reviviendo el Corazón del Coaching (RCC)”.

Vengo saliendo de una reunión de trabajo, donde estábamos reflexionando sobre un artículo más que habla del Coaching Ontológico. Y como ha estado siendo la tónica en este año, las opiniones ahí expuestas, no denotan una celebración a la existencia de esta disciplina,  a la que al menos yo le he dedicado la vida.  Por el contrario, se cuestiona bastante, sobre todo lo que es la formación de los coaches.

Como ocurre en cualquier dinámica de conversaciones,  en la mencionada reunión, a la hora de enfrentarnos a la pregunta de ¿qué hacemos? algunos, los más apasionados, optaban por responder, “no puede ser, tanta desinformación, hay que contestarles”; otros, más relajados, proponían dejar que ocurra, “ya decantará, sigamos en lo nuestro”; también estaban, los que están sintiendo y acumulando los golpes, “estamos en medio del ojo del  huracán, algo importante está pasando con el coaching”.

En mi caso, no puedo negar que en pequeño porcentaje, sintonizaba con las tres posiciones. Y otra gran parte de mi, se concentraba en escuchar, eligiendo mantener el silencio. No pude evitar, que las explosiones de emociones y la palabra huracán,  generara un caudal de imágenes en mi mente y varias sensaciones en mi cuerpo. Entre ellas apareció la película: “La tormenta perfecta”, además de imágenes espontáneas de todas los sucesos que están ocurriendo en el mundo y por supuesto en nuestro País: Donald Trump y sus filudos comentarios, Cuba lleno de artistas de Hollywood, atentados varios, refugiados abandonados a su suerte, inundaciones, terremotos, racionamiento de energía, Andrónico en Youtube en Chile, y otras inundaciones, corrupción, estafas, descalificaciones, colusiones, liberación de presos peligrosos, marea roja, toneladas de salmones en descomposición tirados al mar, los taxistas tradicionales golpeando a los incógnitos Uber…

Y otra vez la película en mi mente. Sin contar el final, está basada en la vida real. Es la historia de un pequeño barco pesquero que es atrapado por la tormenta más grande del siglo XX. Para que ocurriera esa tormenta feroz, tuvo que darse una serie de condiciones meteorológicas, que al coincidir generaron y desataron fuerzas naturales impresionantes. Sumado a la humana decisión colectiva de los tripulantes de intentar atravesar la tormenta para salvar la pesca. Se las recomiendo si todavía no la ven.

Para donde voy con todo esto. Mi impresión es que como cultura humana, estamos aportando factores, que están influyendo en crear la tormenta perfecta. Lo complejo de esta tormenta es que no es atmosférica, ni está ubicada en un solo lugar del planeta. Esta vez es generalizada y su epicentro está ubicado en el medio de las relaciones entre las personas. Nuestras relaciones están siendo impactadas por todos estos múltiples factores, construyendo un equilibrio muy frágil, donde basta algo pequeño que lo gatille para transformarlas en relaciones tormentosas. Desapareció de nuestros recursos relacionales los términos medios. Es impresionante, el nivel de tensión colectiva en el espacio político, social, gubernamental, educacional, familiar, pareja, religioso, géneros, deportivo, empresarial, económico, laboral, profesional, seguridad, salud, urbano y ahora, por qué no, en el coaching.

Son demasiado los ámbitos en donde la tormenta está desatada. ¿Qué hacemos?

Si queremos transformarnos en factor que alimenta la tormenta, el camino es conocido: respondamos a la defensiva, ataquemos, ridiculicemos, desprestigiemos, neguemos, invalidemos, “entremos en el rico pelambre”, sintámonos inseguros, asustémonos, faltemos el respeto, afirmémonos en nuestras certidumbres o definitivamente conectemos con el epicentro de la tormenta, que nos llevará al devenir medular de la crisis actual de las relaciones: “desautoricemos”.

Todas las tormentas relacionales simultáneas, que colorean nuestro vivir cotidiano, tienen ese punto en común: no dar autoridad y desde el no respeto.  Trump no le da autoridad a nadie, el primer mundo no le da autoridad a los otros mundos, las personas no le dan autoridad a los políticos, los políticos no le dan autoridad a otros políticos, los religiosos no le dan autoridad a los que son de otras religiones, los formales no le dan autoridad a los informales, a los informales no les gusta dar autoridad, los trabajadores no le dan autoridad a los empresarios, los empresarios no le dan autoridad a muchos, los alumnos no le dan autoridad a los profesores, los profesores a pocos, los hijos a los padres, los padres a los hijos, los esposos a sus esposas, las esposas a sus esposos, en algunos casos los amantes a las esposas y los esposos, los endeudados a los acreedores, los acreedores a los endeudados, los tramposos a los honrados, los honrados van quedando pocos, los blancos a los negros, los negros a los latinos, los latinos a los pueble originarios, los pueblo originarios a los gobiernos, los gobiernos a los opositores, los opositores a la policía, la policía a los encapuchados, los encapuchados a nadie. Nadie le quiere dar autoridad a los líderes, el tema, no es porque falten líderes, es que perdimos la cualidad humana de dar autoridad. No sabemos mirar al otro como otro legítimo en su experiencia de existir y menos como una posible fuente inspiradora de propio – y necesario – aprendizaje. No sabemos como transformar a aquel  otro que no soportamos, en un maestro de lo que nos cuesta aceptar en la vida.

Lo que nos pasa a nosotros en presencia de los otros, está hablando más de nosotros que de los otros. Desde  ese pensamiento espontáneo en esta escritura,  se me abre una reflexión: veo más poder personal – en relación a los que nos pasa con los otros – en mirar lo que nos pasa, que en obsesionarnos con que los otros sean distinto a lo que yo quisiera. Quizás lo más difícil de la tormenta relacional, es que nos obsesionamos con que el otro sea distinto a lo que es y vivimos en la convicción que es el otro, quien debiera hacer los cambios, nunca nosotros. Le agregamos a esa incapacidad de dar autoridad y la falta de respeto, una flojera adaptativa. Son los otros los que tienen que adaptarse a mi. ¿Por qué tengo que ser yo el que me adapte? Ese es un claro signo de descompromiso y egoísmo relacional.

¿Qué pasaría si frente a las relaciones – con otro, otros o cualquiera que sea, con lo que nos relacionemos – el punto de partida sea mirarnos a nosotros mismos, como seres humanos? ¿Y si diéramos cuenta que el otro es el otro y está en medio de su propia existencia?  que puede no gustarnos o no estar de acuerdo con él, pero eso es distinto, a no legitimar que existe. ¿Y si nos preguntáramos qué nos pasa y desde ahí hacer un primer movimiento adaptativo hacia la presencia del otro?

Esa mirada hacia nosotros – en ves de hacia el otro – hace necesaria la presencia de emociones distintas, como la aceptación, perdón, gratitud, compasión, comprensión y el necesario amor.

Entonces volviendo al artículo sobre el coaching, que anuncia que en Chile el coaching está destinado a desaparecer. Elegimos no alimentar las tormentas perfectas relacionales. Y lo que nos nace, es entender que es posible pensar eso, desde la experiencia del autor, con respecto al coaching. Asumimos la responsabilidad de que algo estamos haciendo (o no haciendo) para que ciertas personas puedan tener esa experiencia. No nos gusta que pase. Sabemos y aceptamos que no es posible ser aceptado y querido por todos, las personas son libres a vivir sus experiencias de manera legítima y manifestar sus sentires. Nosotros tenemos otra experiencia muy distinta, plagada de trascendencias y transformaciones colectivas e individuales, que nos hace proyectar el coaching y su desarrollo al futuro de nuestro País y el Mundo. Nos reafirma la convicción de escuchar este y otros artículos, mirándolos como fuente de aprendizajes, nos mueve a seguir investigando, desarrollando y profundizando la mirada del coaching y de los futuros conocimientos. Queremos hacer más evidente la necesidad de ser parte de comunidades sensibles a lo que ocurre en el Mundo, donde vemos en el coaching un poder importante para convivir y ojalá trascender las “tormentas relacionales”.

Una buena vida para todos y un abrazo cariñosamente humano para el que lo quiera.

Roco