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Ser padre, uno de los grandes regalos que nos da la vida

17/06/16

Día Nacional del Padre:

 

José Marcial Vásquez Cabrera, es Coach Ontológico certificado en Newfield Network, ACP 2104, Programa Mentoring 2015. Separado, 46 años, con 4 hijos, 2 niñas maravillosas Josefa y Sofía que viven en La Serena de 13 y 14 años, y Máximo y Luna que viven en el Cielo. Se ha desempeñado en el área de la mecánica y la minería, hasta que siente la inquietud de que algo faltaba en su vida, y se da el regalo de hacer el ACP y Mentoring.

Ser padre, uno de los grandes regalos que nos da la vida; aprender a amar incondicional y responsablemente a esas criaturas que llegan a cambiarnos la vida, y haciéndolo desde el lugar que creemos es el mejor para ellos, nuestros hijos e hijas.

Para vivir el ser padre, siento que lo primero es trabajar para tener una relación plena con quien nos dio la vida, sanando cualquier dolor, aceptando, sin enjuiciar, sin críticas negativas, pues nuestros padres, al igual que nosotros, hicieron lo mejor que pudieron, lo que sabían hacer.

Mi experiencia como padre viene acompañada de la dolorosa y extraña vivencia de la temprana partida de mi hijo Máximo, de 6 años y medio; sí, tengo mi angelito personal.

Nunca pensé que después, de “sembrar” el cuerpo de mi hijo, cosecharía tanto aprendizaje, a través de él y sus hermanas, los hijos son maestros poderosos en nuestras vidas. Máximo se fue porque ya lo sabía todo, sabía perdonar, pedir perdón, agradecer, conciliar, amar, siempre con una sonrisa en su linda carita y dispuesto a colaborar.

Me enseño que todo tiene solución, todo, y nada pasa porque sí.

Y desde mi ser Coach, gracias al proceso que viví tras realizar el programa ACP, pude mirar desde un nuevo lugar, desde el nuevo ser humano que soy, el aceptar, el dar la bienvenida a emociones como la tristeza, la confusión, la impotencia, la culpa, la rabia y reconocerme un adicto a las respuestas y querer “saber” dónde estaba mi hijo. Ahora sé que vive en mi corazón.

Y aquí, el mayor aprendizaje, y es que la vida se encargará de traer una y otra vez, situaciones o vivencias similares o quizás más duras, hasta que aprendamos lo que vinimos a aprender…

Con 22 años, estando en la Universidad, tuve la pérdida de una hija; Luna, quien producto de un aborto natural no tuvo la posibilidad de llegar a este mundo. Situación que creo, producto de mi inmadurez y miedo, no tomé, no viví el duelo, ni siquiera acompañé, a la que era, en ese entonces mi pareja; incluso lo había “olvidado”, y gracias a la llegada de Máximo, quien me trajo a Luna de su manito de niño, pude darle lugar en mi corazón, al lado de su hermano.

Así que soy padre de 2 niñas que viven en la Serena y de dos angelitos que viven en el Cielo. Me re-encanté con la vida y aprendí, que los hijos solo necesitan afecto y cuidado.

Me es muy grato, compartir y mostrar el ser padre y el ser humano que soy en este momento, el cual es producto de la incorporación de mí ser Coach, es decir, de un constante proceso diario de aprendizaje, de ir integrando distinciones y competencias que diferencian a un Coach Ontológico de otras profesiones.

Legitimar, escuchar, aceptar las situaciones como me llegan, hacerme cargo y responsable, ser compasivo, empático, me han convertido en un hijo más cercano y un padre lleno de amor por la vida y que vuelvo todo este amor y cuidado a mis dos maravillosas hijas que me han mostrado que: sí, hermano y hermana, viven en nuestra memoria y por supuesto en nuestro corazón… y que el dolor es inevitable, el sufrimiento es optativo, y elijo y elegimos como familia, ser felices y disfrutar lo maravilloso de estar vivos.