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Procesos de Cambio Cultural

13/12/16

Fortalecimiento de habilidades para la integración Cultural:

¿Integrarse o Adaptarse?

¿Cómo vivir los procesos de cambio cultural?


 

Flavia Paixao es Coach Senior por Newfield Network, Executive Coach por la Escuela Europea de Coaching, Practitioner en PNL por el Institut Gestalt de Barcelona, MBA por la Universidad Católica de Chile con extensión en Kellogg School of Management, Ingeniero Químico por la Universidad Federal de Río de Janeiro. Cuenta con experiencia previa de más de 13 años como gerente de empresas multinacionales, como profesora de postgrado y educación ejecutiva, y como consultora en procesos de gestión y operaciones. Brasileña con 11 años de vivencia como expatriada en Chile, España y EEUU.

Cyntia Parachini es Coach Senior por Newfield Network. Habilitada a la aplicación de assessment Hogan. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Casper Libero, MBA por la Escuela Superior de Propaganda y Marketing, ambas en Brasil. 18 años de experiencia en marketing, ventas, comunicación, consultoría estratégica y capacitación, gerenciando equipos locales y regionales. Cuenta con experiencia en empresas multinacionales de productos y servicios, como: Citibank, American Express, Nestlé, BIC, The NPD Group y GfK. Actualmente actúa también como coach ayudante del programa ACP, coach voluntaria de Comunidad y Servicio, área de voluntariado de Newfield Network. Brasileña con 13 años de vivencia como expatriada en Chile, Francia y Argentina.

El mundo laboral en nuestro país y en el mundo en general, está recibiendo cada vez más extranjeros. De acuerdo a cifras entregadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, Chile se encuentra entre los países que más inmigrantes han recibido en los últimos años. En el 2014, 477 mil extranjeros contaban con residencia en nuestro país, de ellos, la mayoría trabaja y cotiza, siendo parte de espacios de salud, educativos, sociales, y culturales. Para integrarse han debido recorrer un largo camino atravesando barreras culturales, sociales, políticas e idiomáticas.

Cada vez son más los profesionales extranjeros que llegan a Chile por opción propia o enviados por sus empresas. Muchos de ellos retornan a su país natal porque no logran adaptarse a nivel profesional y/o familiar, o porque las metas propuestas no son alcanzadas debido al choque cultural que significa para ellos vivir y trabajar en un nuevo país, lo que produce mucho dolor y sufrimiento.

Es este desafío de la sociedad actual y que viven cientos de profesionales extranjeros y sus familias, lo que impulsó a la Consultora Organizacional Newfield Network a generar espacios para el Fortalecimiento de Habilidades para la Integración Cultural, donde acompañamos a profesionales de distintas organizaciones en sus procesos hacia la integración cultural.

Este Programa de Fortalecimiento de Habilidades para la Integración Cultural Newfield Network es un espacio que invita a los ejecutivos y sus familias a vivir la migración desde otro lugar, uno con sentido y propósito, conectándolos con la oportunidad que esta puede ser para sus vida y con el aporte que pueden ser para el país al cual se está llegando.

Existen mil maneras de conectarse con los cambios culturales. Los cambios de ciudad, de país, de cultura llegan regados de sueños… y de repente, las diferencias empiezan a hacer con que esto que un día fue un sueño, se pierda con la falsa idea de la necesidad de adaptarse.

En este momento debes estar preguntándote: ¿Adaptarse, falsa idea? Sí, esta idea es falsa.

Actualmente vemos que el mundo vive el contacto con una nueva cultura desde la mirada de la adaptación. ¿Qué es adaptarse entonces? Si vamos al diccionario, adaptarse está relacionado a la idea de: “Acomodarse o ajustarse a un lugar o una situación distinta. Hacer con que un objeto o mecanismo desempeñe funciones diferentes de aquellas para las que fue construido”.

Desde esa mirada, adaptarse es perder lo que hay en mí para acomodarme al otro. Y desde ese lugar, surgen los miedos frente a las diferencias culturales. Miedo a la diversidad. Miedo a las ideas que no convergen. Surge entonces la necesidad de protegerse. No es por casualidad que estamos acompañando fenómenos tales como: Brexit, cierre de campos de refugiados en varios países de Europa, y las elecciones de los EEUU, donde el “muro” que separa las diferencias ha ganado.

Asimismo, el mundo está cada vez más sin fronteras. No es necesario irse a otro país para encontrarse con alguien de una cultura distinta. En Chile podemos observar las mezclas culturales que provienen de su propia historia en la interacción de mapuches, españoles, y alemanes entre otros.

Caminando en las calles de Santiago o cualquier ciudad del país nos damos cuenta de la llegada de  venezolanos, peruanos, argentinos, franceses, haitianos, chinos… y nosotras mismas, brasileñas.

¿Cómo relacionarnos con la diversidad?

Hemos aprendido de nuestras experiencias personales viviendo en distintos países y culturas. Hemos trabajado en diferentes empresas multinacionales donde está la pluralidad de miradas. Hemos probado estar en la ceguera de la necesidad de adaptarnos. Mientras estábamos en el intento de adaptarnos, vivímos el cambio desde el miedo y la inseguridad. Sentimos la necesidad de controlar lo que podría venir por adelante.

Trabajando con otras personas que viven procesos de cambio cultural, nos fuimos dando cuenta que es muy común, desde la mirada de la adaptación, estar en la expectativa de “lo que otros van a hacer para que yo pueda sentirme parte”. Se vive con la esperanza de cambiar lo que ya está para sentirse bien. Cambiar lo que no se puede cambiar – toda una cultura.

Eso genera mucha frustración y hace con que se viva en la añoranza de lo que un día fue familiar, echando de menos lo que quedó atrás. Es muy común conectarse con la perdida. Perdida de los amigos, perdida del ambiente conocido… Cuántas veces escuchamos el discurso, no solamente en cambios de país, sino que también en cambios de ciudad o trabajo: “Es que en mi otro trabajo eso no se hacía así… Es que en mi país las cosas no son así… si esto fuera donde vivía antes, no pasaría de esa manera…” Desde allí, se pierde la capacidad de sostener el encantamiento con lo que un día fue un sueño.

La persona tiende a aislarse en lo que llamamos “burbujas culturales”, es decir, en los grupos de personas de misma nacionalidad. Evitando al desconocido, es imposible darse cuenta de los aportes de la nueva cultura y poder reconocer los regalos de este nuevo mundo al cual me integro.

Ahí está la gran diferencia entre adaptarse e integrarse. ¿Qué es integrarse entonces? Según el diccionario integrar significa: “Completar un todo con las partes que faltaban. Hacer que alguien pase a formar parte de un todo”.

En la idea de integrar está el reconocimiento de lo que soy, de mi historia, de mi cultura. En la integración, está el aprender de la diversidad y descubrir cómo puedo ser aporte en este mundo al cual me integro.

En el proceso de integración hay la disposición de aprender de otros y con otros. Se mantiene la conexión con el sueño y con la capacidad de ser sorprendido. La mirada es apreciativa en la integración, mientras que en la adaptación la mirada es despreciativa y va hacia el rechazo de lo que es distinto.

En las experiencias que hemos tenido de intervenciones de integración cultural con organizaciones  pudimos observar transformaciones emocionales potentes, desde el miedo y la ansiedad, hacia el entusiasmo. Cuando la gente empieza a conectarse con vivir el proceso del cambio cultural desde la integración, el aprendizaje se genera naturalmente y se abre un espacio de exploración de dos preguntas fundamentales: ¿En este proceso de aprendizaje, que es lo esencial y genuino que quiero preservar en mí? ¿Cuáles son las fortalezas que quiero mantener en mi equipaje y qué es lo que quiero sacar de mi valija para llenarla de nuevos regalos?

Cuando reconozco mi propia historia, abro la posibilidad de reconocer lo que de mí puedo y quiero aportar a ese nuevo mundo al cual me integro. Me conecto con mí ser oferta.

Es allí que el proceso de integración cultural se completa. Porque integrarse es recibir y también entregar. Es aprender y enseñar. Es sentir que contribuyo al mundo en el cual estoy viviendo de la misma forma que este mundo contribuye a mi formación como ser humano. Es desarrollar la capacidad de formar redes de apoyo y lazos de amistad locales.

Eso es lo que sentimos estando en Chile. Chile nos ha enseñado a vivir el proceso de integración por completo. Los lazos que logramos generar acá, con esta cultura, con las personas de esta tierra son tan fuertes que ya no queremos irnos. ¡Nos instalamos!

Integrarse es eso: sentir que los lazos son tan fuertes que la persona que soy, ya no es más la misma. Es lo que yo elegí mantener de mi cultura y lo que yo incorporé del mundo en el cual estoy inmerso.

En los Programas de Integración que hemos realizado este año en la Consultora Organizacional Newfield Network, hemos podido observar transformaciones emocionales potentes en los participantes que se preparaban para asignaciones internacionales: desde el miedo y la ansiedad, pasando hacia el entusiasmo, la apertura a aprender y la disposición de generar compromiso y futuro con otros,  tanto en su entorno laboral como personal. Eso les ha aportado confianza y conexión con el sentido de sus asignaciones. Con el propósito que los llevó a cambiar de cultura, y con un mundo de posibilidades antes inexistentes.

Si deseas conocer más sobre nuestra oferta de Fortalecimiento de Habilidades para la Integración Cultural escríbenos a: organizaciones@newfield.cl