Reflexiones de ser Madre - Newfield Global
Novedades

Reflexiones de ser Madre

06/05/16

Estábamos mi marido, nuestro querido doctor y yo. Él nos dijo que serían más de uno… mientras buscaba en la pantalla del ecógrafo. De pronto, un sonido impresionante… tutuumm, tutuumm,  y luego otro… y otro… Eran tres latidos, que nacían de diferentes lugares de mi guata; pensamos en los tres corazones latiendo, y el doctor nos explicó que a esas alturas técnicamente todavía no hay corazón. Entonces, ¿qué eran esos sonidos? Algo así como un “pulso de la vida”, nos explicó, una fuerza misteriosa aferrándose dentro de mi propia vida, que en ese momento también sentí como una prolongación de Felipe mi marido. Tres seres humanos creciendo juntos, de manera que en esta familia ya éramos cinco, después de muchos años –nueve- en que habíamos sido solo dos.

La vida nos cambió rotundamente. De vivir para nosotros mismos, comenzamos a ampliar nuestro horizonte y entregarnos a los niños. Adecuamos la casa para recibirlos: cunitas, mudadores… luego mesitas de juego, resbalines, piscinas plásticas… y hoy, espacios para jóvenes y sus amigos. Contextos físicos y emocionales para crecer bien cuidados y disfrutar juntos la vida.

Han pasado 14 años. Pedro, nuestro cuarto hijo y hoy de 12 años, vino a completar la familia como un regalo insospechado. Cada uno de mis hijos ha sido un maestro para mí, que me ha enseñado a desplegar los talentos que me salen naturalmente y a desarrollar habilidades que me cuestan. Flexibilidad para adaptarme; aceptación y respeto de lo que cada uno trae y no lo que a veces yo quisiera; alegría infinita para disfrutar el momento presente; habitar la incertidumbre; construir confianzas; darles libertad; vivir la vulnerabilidad propia y la de cada uno de ellos; comprender y aceptar que la vida es muy misteriosa y que no es mucho lo que podemos planear y controlar; reconocer mis errores y pedirles perdón; llorar con ellos, reírnos juntos, salir de paseo, prender juntos un fuego, cocinar, conversar, escuchar sus historias, conocer a sus amigos, viajar, meternos en el mar, subir los cerros, armar el árbol de pascua, rezar juntos en las noches, acostarlos-hasta el día de hoy- y rascarles la espalda. Ir a buscarlos y dejarlos, tener conversaciones difíciles, aprender a dejarlos ser, incentivarlos a desplegar sus talentos y ser artífices de sus vidas. Podría seguir escribiendo muchas páginas y, si pudiera resumir lo que ha sido ser madre, diría que para mí ha sido el regalo más grande de humanidad y de sentir felicidad plena por las alegrías y logros de los hijos, es decir, gozar no por lo que me ocurre a mí sino por lo que les ocurre a ellos y que en algún lugar también es nuestro.

Pienso en mi propia madre, mi suegra, mis abuelas. También en los hijos de mis hijos que en algún lugar esperan su turno, para conocer y habitar esta tierra maravillosa, y siento la red de ternura que, sembrada en lo más profundo de nuestro corazón, puede hacer bella nuestra existencia.

Pienso también en el coaching, en el espacio sagrado de acompañar a otros a mirar sus vidas y desplegar la mejor versión de sí mismos… y le agradezco a mis hijos esta aventura que hemos recorrido juntos, donde me han enseñado tanto a vivir la vida y a correr mis propios límites.

¡Felicidades a todas las madres y padres en este día!