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Transformaciones culturales inexorables. Cada vez más diversos, ¿y qué tan inclusivos?

06/09/19

Por Irene Torres

Directora de Proyectos

Consultora Organizacional Newfield Network

En la actualidad uno de los grandes temas que nos ocupa y forma parte de nuestras inquietudes en la Consultora Organizacional de Newfield Network es el de la diversidad e inclusión, como uno de los principales llamados a la transformación cultural en las organizaciones. Más allá de ciertas leyes, principalmente referidas a equidad de género e incorporación de personas con discapacidad al mercado laboral que están demandando de las empresas e instituciones en relación con las acciones de inclusión, nuestra percepción es la de un vasto terreno aún por explorar.

La diversidad se hace cada vez mayor y con ello los desafíos de la inclusión. ¿Por qué?

En un extremo, la diversidad nos lleva a poner de relieve el carácter único de cada ser. Si no podemos reconocernos y legitimarnos, terminaremos siendo individuos aislados, incapaces de construir espacios de colaboración y crear las comunidades indispensables para enfrentar los retos de sembrar un largo futuro para nuestro planeta y la vida que habita en él. Por otra parte, pareciera que hoy declararse “inclusivo” pasa por una muy buena capacidad de auto-reflexión y, sobre todo, de sinceridad.

¿Somos inclusivos cuando estamos dispuestos a abrirnos solo a algunas cosas? ¿Militamos en la inclusión cuando la precedemos de un “depende”?

Dos conversaciones recientes me confrontaron con la pregunta ¿De qué hablamos cuando nos autodefinimos como “inclusivos”? y me parece un buen comienzo para impulsar un debate que ofrece la oportunidad de contribuir a abrir espacios más generativos.

La primera conversación versaba de la inclusión en las organizaciones para dar espacio a la reinserción post penitenciaria. Uno de los interlocutores hablaba de la inclusión como un derecho, mientras que el segundo condicionaba su propia apertura hacia la reinserción laboral al tipo de delito por el cual la persona en cuestión hubiera sido condenada en el pasado.

En el segundo caso, participaba en una conversación acerca del “poder de la mujer” (en las organizaciones) y mi reflexión iba por los siguientes derroteros: tendríamos que comenzar por definir qué significa hoy ser mujer. Desde la mirada inclusiva, convoca más variantes que la de una biología y una antropología que nos predisponen a un mundo más emocional y afectivo del cual podrían beneficiarse las comunidades a las que pertenecemos. El ser mujer del presente, pasa por reconocer dimensiones como la identidad de género, y la expresión de género, por nombrar solo dos, y legitimar a quién desde ellos se define en lo femenino. Tal vez la búsqueda de la legitimación sea el primer acto de ese poder que se alude.

Recurro a estos ejemplos para mostrar el desafío que nos traen temas intangibles como éste, que constituyen nuevos ámbitos del trabajo de consultoría, y que nos demandan poder observar y reconocer con cuales posturas resuenan la organización y sus integrantes, y desde allí diseñar las transformaciones culturales necesarias para el mundo que se está configurando.