Algo inmenso quiere nacer - Newfield Argentina
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Algo inmenso quiere nacer

16/04/20

Por Julio Olalla, pionero mundial del Coaching Ontológico y Presidente de Newfield Network

“El ser humano primitivo percibe el mundo natural que lo rodea impregnado de sentido, sentido cuya relevancia es a la vez humana y cósmica.”

Richard Tarnas

Hay algo que nos golpea fuertemente en estos tiempos. Lo vemos manifestarse en el alza notable de la depresión psicológica y del suicidio juvenil, lo vemos en nuestra persistente destrucción ecológica, en nuestro consumismo desesperado, en la adicción a las drogas, en la violencia intrafamiliar, en el descontento laboral y otras expresiones que tienen carácter universal. Todo esto puede ser visto desde muy diversas perspectivas, muchas de ellas válidas, sin dudas. Sin embargo, hay una que nos parece lejana o que nos es simplemente invisible y que me parece importante considerar: nuestra mirada cosmológica, la cosmología de esta era.

Cuando digo cosmología de esta era me refiero a la interpretación del universo que hemos desarrollado en la modernidad y de nuestra relación con él, de nuestro existir en su inmensidad.

Sin lugar a dudas la humanidad está viviendo una profunda crisis de sentido y propósito. Las siguientes frases, escritas por dos Premios Nobel de ciencia, conectan elocuentemente

esa ausencia de sentido y propósito con la cosmología de nuestro tiempo.

Una es de Steven Weinberg: “Mientras más comprensible parece el universo, más sin sentido parece”.

La otra es de Jacques Monod: “El viejo entendimiento está despedazado: el Hombre sabe finalmente que está sólo en la insensible inmensidad del universo, de la cual emergió sólo por accidente”.

Esa cosmología ha pasado a ser parte del transparente sentido común de nuestra era, sentido común que nos hace habitar en la “obvia” soledad de nuestra existencia. No somos más que un accidente en la insensible inmensidad del universo. Léanlo lentamente, y escuchen, parece una maldición. Eso está dicho por un hombre brillante, un científico extraordinario que expresa simplemente nuestra mirada del universo en estos tiempos.

¿Y dónde están el propósito y el sentido de nuestras vidas en esta insensible inmensidad de la que somos parte?

Entre los miles de millones de sistemas solares de nuestra galaxia, y entre los miles de millones de galaxias en el universo, en esta inmensidad inimaginable, los seres humanos de esta era pretendemos encontrar sentido y propósito (y no lo estamos logrando) en la inmediatez de nuestras tareas, ocupándonos constantemente, intentando ser más y más productivos, consumiendo más, embelesados con la economía, tratando de alcanzar algo que no sabemos exactamente qué es.

Y en esa carrera, no hay tiempo ni razones para respetar ni agradecerle a la Tierra. A todo le hemos puesto precio y a casi todo le hemos quitado valor. ¿Por qué reverenciar los árboles, el mar, las abejas, la montaña? ¿Por qué venerar la Luna? ¿Por qué asombrarnos del amor y la belleza de Venus como lo hacían los griegos en la antigüedad? ¿Por qué dejarnos acariciar por el Sol y darle las gracias?

Hoy la humanidad presiente que algo inmenso quiere renacer. Creo que, aunque no sepamos nombrarlo todavía, está apareciendo en nosotros un deseo de reintegrarnos a esa danza celestial. Debemos escuchar nuestro espíritu y el del cosmos. Es tiempo de volver a reverenciar el infinito misterio de la existencia, de reencontrarnos en el anima mundi.