"Cuando nos pusimos de pie" - Newfield Global
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“Cuando nos pusimos de pie”

04/12/20

Cuando nos pusimos de pie

Libertad es hacer algo distinto a lo que tus
reacciones te predisponen
Roco

Rodrigo roco Pacheco, Director de Programas Avanzados de Newfield Network. Coach Senior PCC.

No sé cuándo fue la última vez que te sentiste abatido y con ganas de no levantarte.

Es muy posible que la dimensión e intensidad de la situación por la que atravesamos como humanidad, por momentos te haya botado y quitado las fuerzas para volver a ponerte de pie.

Basado en la experiencia de casi treinta años en el mundo del coaching —donde me he dedicado principalmente a la formación de coaches, a la investigación y al diseño y desarrollo de programas— en este artículo quisiera centrarme en la acción tan característica de lo humano, como es “el ponerse de pie”.

Comencemos por una pregunta: ¿de dónde te viene el instinto por ponerte de pie?

Si fuere el caso, te pido que por un rato sueltes el patrón de la inmediatez, tan común en esta época. Claramente este patrón se ha apoderado de todos nosotros de tal forma que no somos capaces de mantener la atención enfocada, por más de un par de minutos. De antemano me siento agradecido porque elijas seguir leyendo.

Pareciera que realizar la “acción de levantarse”, es tan simple y obvio como decir la frase, “Me pongo de pie” y la verdad es que no es así. Es una acción tan cotidiana y transparente que perdimos la conexión con el valor que tiene y significa en la existencia humana.

Quiero invitarte a reconectar con lo trascendental que significa el ponerse de pie y el poder existencial que posee. Para eso haré dos paralelos: uno enfocado en la evolución y desarrollo humano y el otro, en el acto resiliente de tener la capacidad de recomponerse y aprender de los embates de la vida.

Comenzaré por hacer la analogía entre lo que ha sido, la evolución de la estructura postural de la especie de seres vivos a la que pertenecemos, conocida por homo sapiens y la evolución que cada uno de nosotros experimenta en su propio desarrollo. Veamos estas imágenes que grafican la idea.

Observen los puntos en común: inicios motrices que se desarrollan en cuatro apoyos (cuadrúpedo); para luego pasar por una etapa de transición a lo bípedo, hasta alcanzar la postura erguida. Y finalmente, vamos adquiriendo una postura encorvada debido al peso de la vida por una parte y por la otra, al impacto de las tendencias culturales que van moldeando la corporalidad.

Uno de los aspectos que más asombro me genera es observar cómo la naturaleza se manifiesta generando y desarrollando la vida, desde un movimiento con ciertas características fractales, es decir su evolución estructural se repite en diferentes escalas, a nivel micro y a nivel macro.

Solo imagina que, como especie, el pasar de cuadrúpedos a bípedos al menos nos tomó dos millones de años. Tiempo en que, milagrosamente, no solo cambiamos de predisposición postural para relacionarnos con el mundo, sino que simultáneamente la conciencia evolucionó.

La perspectiva del todo y de los otros, vista desde la existencia cuadrúpeda, es muy diferente a la que se tiene acceso desde la postura erguida. Los seres humanos se encontraron con el horizonte, la inmensidad, la posibilidad de relaciones sostenidas y una gran cantidad de estímulos que favorecieron el desarrollo del sistema nervioso central y sus partes.

No podemos pasar por alto la magnitud del hecho de convivir apoyados en dos pies, que dio lugar a crear las condiciones para generar el “lenguaje”, aspecto fundamental que nos constituye y que nos diferencia del resto de la formas de vida.

Siguiendo con el paralelo propuesto, desde la dimensión particular, el tiempo de nuestra propia evolución transcurre entre 70 a 95 años como promedio.

Desde los primeros “gateos” hasta lograr caminar, pasan unos pocos meses. La escala es distinta, sin embargo, desde el punto de vista de lo que es “manifestación de naturaleza” es el mismo movimiento.

De la misma forma en que nos sucedió como especie histórica en la evolución personal, vamos desarrollando la conciencia, relacionalmente en la convivencia con los padres, la familia y el entorno.

La energía usada en la transición de cuadrúpedo a bípedo, las primeras veces, es inmensa y el involucramiento es completo. Es un aprendizaje impresionante, una verdadera revolución transformacional, quizás una de las experiencias más relevantes por la que pasamos en la vida. Modifica las redes neuronales, los movimientos hormonales, la estructura muscular y desarrolla reflejos del equilibrio. La biología completa se altera para adaptarse a los nuevos desafíos.

Este aprendizaje crucial posee una cualidad muy tranquilizadora y que se da por obvia: mientras estés relativamente sano, no olvidarás estar de pie y caminar.

Te sugiero ver algunos videos de bebés dando sus primeros pasos. Además de generar mucha ternura, es impactante observar lo gráfico del proceso de aprendizaje.

Ya que en el relato, apareció la palabra aprender, podré hacer algunas asociaciones con los procesos de coaching.

El coaching es una metodología que provee de contextos, modelos y distinciones para aprender en el ámbito humano lo que necesites o desees. Lo hermoso de las experiencias de coaching, es que las personas se sitúan de alguna manera en un determinado dominio dando sus primeros pasos.

A veces los adultos están menos predispuestos que los bebés, dado que poseen una historia personal que es una verdadera fuerza de inercia. Comúnmente la llamamos la zona de confort, que puede no ser perfecta y no obstante es territorio conocido. Por lo tanto, frente a los nuevos saberes es muy probable que se produzca resistencia al cambio.

El bebé está conectado en línea directa con los instintos primordiales, en cambio los adultos estamos conectados con estructuras de pensamientos, plagadas de juicios sobre el aprender, que filtran la posibilidades de vivir todo lo que incluye incorporar un nuevo saber: como el declararse ignorante sin pudor, dar autoridad para que alguien te acompañe, y quizás lo más relevante, darse el permiso para caer y aprender a ponerse de pie solo.

Por eso muchas veces dudamos de la propia capacidad para aprender. Para la naturaleza humana el incorporar aprendizaje es siempre el mismo fenómeno, sea cual sea el objeto o contenidos por ser adquiridos. Al decir naturaleza, me refiero a un sistema biológico, que frente a los estímulos que se activan en los procesos de aprendizaje, se reordena estructuralmente para adquirir nuevos patrones que determinan ciertos estándares de desempeño efectivo.

Tenemos, en nuestra memoria orgánica instalado el instinto de ponernos de pie, luego de millones de años de evolución. Además ya está incorporado el aprendizaje logrado en la propia experiencia personal de erguirse y caminar. Solo nos toca recordarlo integralmente, esto incluye lo instintivo y lo intuitivo. Estas son fuerzas profundas que nadie podrá quitarnos y al ser conscientes de su existencia, nos darán un empuje para cualquier aprendizaje. Los coaches aprendemos a distinguirlas y hacerlas parte para darle impulsos genuinos a los procesos.

En un comienzo te invitaba a explorar dos paralelos en relación al aprendizaje. Hasta ahora miramos lo relacionado al desarrollo evolutivo como especie y sus coincidencias con la secuencia del crecimiento personal.

El segundo de ellos, tiene que ver con la metáfora que asocia el ponerse de pie físicamente, con la actitud de ponerse de pie, frente a los golpes de la vida.

El saber levantarse solo será posible si te caes. Es fundamental en el proceso de la madurez de los seres humanos convertir los fracasos, las equivocaciones, los accidentes, las pérdidas, los grandes desencuentros relacionales y todo aquello que nos tumbe, en una oportunidad de aprendizaje. La caída es el lugar para trascender aquel que estamos siendo, incluidas nuestras certezas, ilusiones, expectativas, adicciones, apegos y rutinas.

Al final el levantarse es una experiencia de libertad.

Estamos siendo golpeados por una pandemia feroz, que nos impacta colectiva e individualmente y pareciera ser que en cada segundo nos lleva al borde de lo soportable. Las opciones son desfallecer y victimizarse, o aprovechar la oportunidad para dar un salto de conciencia.

Lo curioso y particular de esta situación que vivimos en confinamiento es que no tenemos escapatoria. En cada segundo nos encontramos con nosotros mismos, da igual si estás solo, con tu familia o un grupo de conocidos. Las dinámicas relacionales comienzan a ser las mismas y más frecuentes. Cuando eso ocurre, se hace evidente lo acotados que son los recursos de existencia que poseemos. La necesidad de evadir, la facilidad con que nos posee la intolerancia, las ganas de salir huyendo o, como decíamos, caer rendidos y abatidos, son las reacciones que están siendo más comunes y no nos permiten aceptar e integrarnos a las condiciones reales de las circunstancias actuales.

Uno de los descubrimientos que me cambió la manera de hacer coaching, ya hace varios años, fue tomar en cuenta que los “aprendices” o “coachees” —y en realidad cualquier persona que se encuentre frente a un desafío de aprendizaje, que incluya un movimiento adaptativo importante— poseen dentro de sus repertorios de comportamiento, fuerzas conservadoras y transformadoras.

Las fuerzas transformadoras son aquellas que impulsan al aprendizaje y las conservadoras son las que tienden a resistir los cambios inherentes a los procesos.

Los coaches necesitamos generar los contextos para que el coachee devele aquellas fuerzas, para estar atento y saber moverse con las tendencias conservadoras y hacerse aliado de los impulsos transformacionales. Es más, se hace necesario adquirir las competencias que propicien activar las fuerzas transformacionales instintivas en aquellos que deseen aprender, para que el cuerpo y el alma recuerden la experiencia de comenzar a caminar.

El impulso usado, para levantarte y seguir aprendiendo de la vida, está en tus células. Solo necesitas disminuir el volumen de las preocupaciones y lamentos, para recordar lo esencial.

Es hora de ponerte de pie, aprender las lecciones que te está regalando la vida y seguir caminando…. Hasta que la muerte nos separe.

Junio del 2020