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Dimensión Espiritual del Coaching Ontológico

04/12/20

Dimensión Espiritual del Coaching Ontológico

La espiritualidad: ¿cuarto dominio del observador?

Andrés Rivera, Coach mentor, programa ACP Caribe

Al hablar de ontología nos referimos a aquello que trasciende nuestra personalidad (lo transpersonal, lo místico, lo espiritual).

De manera implícita, el coaching ontológico incluye la conciencia como otro de los dominios que constituyen al observador, además del cuerpo, la emoción y el lenguaje.

Los coaches ontológicos nos valemos de estos cuatro dominios para posibilitar aprendizajes de segundo nivel en nuestros coachees cuando entran en una reflexión profunda que les permite mirarse y mirar el mundo con otros ojos gracias a sus darse cuenta. Dicho de forma poética, descubren el velo que les nubla la mirada.

Al incluir a la conciencia como otro de los dominios que constituyen al observador, es necesario hacer la distinción sobre los diferentes estados de conciencia que experimentamos los seres humanos. Está aquella propia del “yo” conocida como la conciencia ordinaria y que está presente de forma automática en nuestros estados de vigilia; está la conciencia-de-sí-mismo que opera como un testigo que nos permite dejar en evidencia nuestra conciencia ordinaria (algo así como la posibilidad de desdoblarme y mirar a ese “otro” que hay en mí); por último, está la conciencia pura, la que se funde con la fuente original y permite experiencias místicas, soy “uno” con la divinidad.

La aparición de nuevas coherencias en nuestros coachees (nuevas formas de pararse y aparecer frente al mundo) despierta en ellos la conciencia-de-sí-mismos (el testigo interno desarticula lo que funcionaba de forma automática y posibilita acciones inéditas). Este nuevo observador desenmascara al que vivía y funcionaba en la conciencia ordinaria (transparencia).

De hecho, en algunas sesiones de coaching tenemos el privilegio de presenciar el despertar de la conciencia pura de nuestros coachees, momentos de plenitud cuando el espíritu se conmueve y llora a través de sus almas.

Desde lo expuesto hasta el momento, el coaching ontológico interviene en el dominio espiritual de nuestros coachees de la misma manera como lo hace en los consabidos dominios constitutivos del observador (C-E-L).

En aras de ilustrar lo anterior, citaré algunos ejemplos.

En la práctica del centramiento desencadenamos fenómenos fisiológicos en nuestros coachees para que se conecten con el aquí y el ahora. En este ejercicio, les pedimos que dirijan su atención hacia su conciencia ordinaria y la disuelvan. Dicho en otras palabras, inducimos en ellos otro estado de conciencia.

Las declaraciones que hacen nuestros coachees sobre lo que para ellos tiene sentido en sus vidas (visión-de-sí-mismos, su SER en el hacer, lo trascendente) son posibles cuando se despojan de las máscaras de su personalidad y resuenan con otros estados de conciencia. Los darse cuenta (articulación del quiebre), necesarios para hacer nuevas declaraciones y generar nuevas narrativas, se constituyen en la llave para acceder a estos estados de conciencia.

Cuando nuestros coachees logran disolver el sufrimiento de vivir sus tiempos psicológicos (pasado y futuro) como reales (cuando son meras invenciones de la psiquis) y viven plenamente en el presente, abandonan su conciencia ordinaria y resuenan con otro estado de conciencia.

Cuando nuestros coachees se conectan con la suficiencia, y desde ahí con la abundancia y la gratitud, inauguran una práctica espiritual y un lugar sagrado de relación consigo mismos desde el amor a sí mismos (aceptación). Cuando esto sucede, el gozo existencial que experimentan los acerca a la conciencia pura propia del Buda, de los místicos, de la poesía. Dado los fenómenos que suceden en nuestros coaches, hablamos de una nueva coherencia: cuerpo-mente-emoción-conciencia como la dimensión espiritual del coaching ontológico.