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El modelo Integral de Ken Wilber hecho coaching

04/12/20

El Modelo Integral de Ken Wilber hecho coaching

Una mirada al Programa de Certificación de Coaching ICCP-1 Integral Coaching Canada.

Juan Pablo Cortéz, Coach Consultor y organizacional Senior.

En diciembre de 2019 participé del programa de certificación de coaching impartido por ICC en Vancouver, donde descubrí una metodología simple, clara y poderosa que permite desarrollar un proceso de transformación aplicable en un contexto organizacional como en la vida personal. Es un proceso que invita a seguir rigurosamente cada paso y a colocar la intuición personal del coach como ingrediente clave.

La disciplina desarrollada está ideada desde la teoría Integral de Ken Wilber, y siempre sentí una profunda curiosidad por integrar este modelo en mi práctica como coach, modelo que resulta ser amplio y conciso a la vez.

Para mí los principales pilares de esta metodología lo conforman; (1) su integración: la forma como entrelaza el proceso de coaching con la teoría Integral, aprovechando cada instancia del proceso en favor del cliente y el coach; (2) el Foco: puesto en desarrollar las capacidades o músculos específicos del cliente dentro del tema de coaching acordado; (3) Awareness: el definir y usar metáforas específicas para hablar, en 3ª persona, del propio cliente durante todo el proceso; (4) su practicidad: los grandes aprendizajes se obtienen de las prácticas cuidadosamente diseñadas para cada objetivo de desarrollo, y los insights o darse cuenta del cliente son cosechados durante las sesiones de coaching uno a uno.

Teoría Integral

Esta teoría (AQAL del inglés: todos los cuadrantes-todos los niveles) intenta cubrir todos los aspectos de nuestra vida resumidas en cuatro cuadrantes, líneas, niveles, estados y tipos.

El módulo de formación inicial del programa considera cuadrantes y líneas de desarrollo, y los siguientes módulos incorporan niveles o estadios de conciencia, tipos: energías masculina y femenina, eneagrama y arquetipos.

Los cuatro cuadrantes permiten distinguir entre el mundo interior y exterior (eje vertical) y el mundo de lo individual y lo colectivo (eje horizontal), resultando en cuatro cuadrantes; superior-izquierdo: el mundo personal de lo que siento, pienso, valoro, interpretaciones, mis valores, etc.; superior-derecho: lo que observo de mí y otros, comportamientos, cuerpo, todo el dominio del hacer y acciones; inferior-izquierdo: lo colectivo que no se ve, cultura, el sentir y pensar emocional del grupo, creencias, etc.; inferior-derecho: todo lo que veo a nivel colectivo; prácticas, políticas, sistemas, estructuras, etc.

Las líneas de desarrollo: cognitiva (como la persona percibe o se explica el mundo), emocional (como se permite el sentir y si es consciente de ello), somática (conciencia de su cuerpo), interpersonal (capacidad de conectar y empatizar con otros), espiritual (conexión con el propósito, lo que le mueve, algo mayor que sí mismo) y moral (como se despliega en el hacer y el impacto de sus actos en el mundo). Esto tiene a su vez tres niveles de profundidad (del propio cliente siempre en relación al tema específico); Personal (Ego-céntrico): cuanto soy consciente de este aspecto sólo a nivel de mi mismo; Entorno-Cercano (socio-céntrico): soy consciente de mi, mi familia, mis amistades, grupo de trabajo; Consciencia global (world-centric): soy consciente de mi, mis relaciones cercanas y también la consciencia de como impacto en el mundo, la tierra, mi relación con las comunidades, reino animal, vegetal, mineral, etc.

Esta teoría en el proceso de coaching

Utilizando estos dos lentes del modelo integral nos permite observar cómo el cliente observa la realidad (Looking AS the client), así como también permitirnos mirarlo y evaluarlo desde nuestros propios ojos (looking AT the client), siempre en el contexto del tema específico que se quiere trabajar o desarrollar.

También nos permite entender de mejor forma donde necesita desarrollar nuevos músculos, además de apreciar cuáles son aquellas fortalezas con las que ya cuenta, donde se puede apoyar para el camino a emprender.

El proceso

Es clave comenzar definiendo en conjunto con el cliente cuál será el tema a trabajar en el proceso, algunos ejemplos de ello pueden ser: generar una relación mas cercana con la familia o con el equipo de trabajo, aprender a delegar, aprender a respetarse en sus relaciones de pareja, pasar de un rol más técnico a desarrollar una visión de más alto nivel, etc. Luego de ello el foco está en conocer cómo mira el mundo (desde la teoría integral), colocando el foco en nuestra escucha y preguntas poderosas que permitan conocer la persona desde cada cuadrante y líneas de desarrollo.

Este cuadro resume en qué consiste el proceso a nivel general:

Con la información recogida, el coach diseña un programa para el cliente, cuya propuesta (programa de coaching) será ofrecida al cliente, donde además se bautizará (en conjunto) la metáfora de su actual forma de ser o de actuar en el mundo hoy, honrando lo que esta ha permitido, pero también identificando que es lo que no le permite, en otras palabras, mirar juntos “donde le queda chico su traje”. Posteriormente ofrecemos la segunda metáfora que da forma a (nuestra interpretación) su nueva forma de ser o de aparecer en el mundo, el puerto de llegada o cómo le gustaría verse actuar en el tema de su interés. Estas metáforas son claves para el proceso y es necesario que el cliente se vea identificado y las haga suyas, en esto aparece el manejo y experiencia del coach, para quién también representa un momento desafiante.

Junto con las metáforas, proponemos nuestra visión de los músculos o capacidades que según nuestra escucha identificamos necesita desarrollar la persona, que resumimos en tres objetivos de desarrollo, a ir trabajando a través de las prácticas que diseñemos con el cliente en las siguientes sesiones.

El flujo natural de este proceso nos llevará a que la persona vaya gradualmente tomando mayor consciencia de su actual forma de ver el mundo, que al referirnos a ella a través de la metáfora nos permite subirnos al balcón con el cliente, quien podrá auto-observarse a través de ella. A través de las nuevas prácticas irá generando un aprendizaje desde el cuerpo para ir comprometiendo su hacer hacia una nueva forma de ser en el mundo, que tanto ansía, pero que nunca le había puesto nombre ni imaginaba, y ahora le hemos acompañado a generar una hoja de ruta para llegar hasta allá.

Resignificar el pasado y gestión emocional

Me llamó la atención que en este proceso no está considerado abordar temas del pasado del cliente a nivel emocional ni psicológico, en mayor o menor grado, aún si creamos que esto signifique un obstáculo para lograr lo que desea, y en contraste recuerdo que, en palabras de Ken Wilber, el trabajo por ejemplo con la sombra es crucial. Esto requiere, en mi parecer, la pericia y experiencia del coach para identificar cuando recurrir a otra disciplina para abordar estos temas.

Trabajo de co-diseño con el cliente

El diseño del proceso está ideado reforzando la responsabilidad conjunta del proceso de coaching, para que sea compartida junto con el coachee, co-creando su siguiente paso, invitando activamente la participación del coachee.

Habitar ese lugar incómodo para crecer

Si bien siempre decimos que el poder de transformación está dado por el reconocimiento a nivel cognitivo y emocional de aquel lugar de incomodidad, junto con quedarse ahí y mientras más pueda la persona habitar ese lugar, mayor será el poder catalizador que movilice al coachee hacia nuevas formas de ser y hacer. Desde este modelo ese habitar y la energía para el cambio se realiza habitando sus resistencias, que forman parte de una tensión entre las fuerzas de conservación (pasado) y las fuerzas de cambio transformacional (futuro). Entonces esta resistencia es la clara indicación de que estamos en el camino del cambio y es una buena señal. Esta puede tomar la forma de apegarse a su coherencia inicial (metáfora), olvidar hacer las sesiones de práctica o justificar el porque no se hicieron, hacerlo con poco entusiasmo, etc., donde identificar y aprovechar estas resistencias se convierte en pepitas de oro con las que el coach iluminará esos rincones que el coachee no se atreve o no puede mirar por sí mismo.

Cierre del proceso

Es importantísimo permitirnos un espacio de cierre, donde miramos el camino recorrido y los aprendizajes, apreciamos al otro, entregamos y recibimos feedback, nos preguntamos ¿que necesitamos para cerrar la relación con el otro?, y por último vislumbrar juntos que formas de apoyo la persona pueda necesitar para dar continuidad a su nueva forma de ser.

El proceso de formación

Está pensado como un proceso de duración de 60 hrs., reconocido por la ICF, que inicia con una intensa semana de formación y posterior seguimiento online durante tres meses, con el objetivo de acompañar al alumno a asentar la metodología trabajando con dos clientes como práctica, parte del requisito para certificar.

Me llamó la atención que el proceso se enfoca en que el alumno logre internalizar la metodología, a mi parecer sacrificando el desarrollo de la presencia del coach: su escucha, hacer preguntas poderosas, acompañamiento emocional, acompañar al cliente a momentos de insight, leer y acompañar en el cuerpo. En la visión de ICC, esto está pensado para que suceda en la propia experiencia personal/profesional como coach, y también es trabajado o reforzado en los siguientes módulos.

En resumen, creo que es un proceso que definitivamente ha enriquecido mi ser coach y entrega herramientas que permiten estructurar de excelente forma el proceso de coaching, los clientes quedan sorprendidos tanto de la mirada inicial (propuesta) como de los resultados que alcanzan.