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Sobre la Construcción del Nosotros

24/09/21

Sobre la Construcción del Nosotros

por Sofía Jordán Morales

Coach Ontológico Senior – Mentora del programa ACP.

“Actualmente las personas vivimos en una sociedad cuya alma es la ley, antes se vivía en comunidad cuya alma era el amor”

Martin Scorsese

Construcción de un Nosotros

Empiezo a escribir mis reflexiones sobre el Nosotros, preciosa inquietud que sembró en mi alma una querida compañera y que me conectó con lo que veo a mi alrededor.  Parto de la idea, de la sensación, de que uno de los quiebres esenciales que vivimos como humanidad es la dificultad para construir un Nosotros. A diario, y cada vez con mayor fuerza y de manera más extendida, lo que vemos a nuestro alrededor es el enfrentamiento, la dificultad enorme, cuando no es imposibilidad, de aceptar las diferencias, de entender que cada persona ve el mundo con ojos distintos y, por ello, se comporta de forma distinta.

En un universo prioritariamente del “yo” y el “tú”, cada quien se ve como un individuo sin nexos que lo vinculen al otro. Cuando aparece el “nosotros”, emerge lo que nos une: nuestros espacios comunes, la historia que compartimos, nuestra humanidad.

En la actualidad, nos define lo que nos separa; no lo que nos une. El discurso de “soy yo lo único que importa” o “me salvo yo, los demás no son mi problema” e innumerables sentencias como estas que han llegado a establecer una especie de norma que nos impide construir vínculos cercanos. Expresiones como esas demarcan nuestras relaciones y establecen confrontación: la sensación de que entre tú y yo no hay nada en común o, incluso, de que tú representas un peligro, una amenaza y, por tanto, sería mejor si no existieras. Esta creencia nos lleva a ignorarnos, a despreciarnos, pues si no eres como yo, si tus pensamientos difieren de los míos, si tu modo de vivir es antagónico al que profeso, entonces eres un peligro o, peor aún, un traidor a los principios que deberías compartir conmigo.

Zygmunt Bauman afirma en referencia al mundo actual: “… los individuos se ven obligados a idear soluciones individuales a problemas generados socialmente, y se espera que lo hagan como individuos, mediante sus habilidades individuales y sus bienes de posesión individual. Tal expectativa los enfrenta en mutua competencia y crea la percepción de que la solidaridad comunitaria es, en general, irrelevante, si no contraproducente.”  Lo que esto nos muestra es que el modelo social en el que vivimos condiciona e invita a la confrontación en vez de a la colaboración.

Surgen entonces preguntas como las siguientes: ¿En qué mundo nos estamos convirtiendo si estas miradas van construyendo nuestra forma de convivir? ¿Qué necesitamos convocar para construir conciencia del nosotros? ¿Es posible entablar relaciones distintas?

Una de las pretensiones más prometedoras que se han desarrollado al respecto fue Facebook. Cuando Zuckerberg lo crea, declara que es para “volver a conectar a los humanos entre sí, fortalecer el tejido social y hacer que el mundo esté más unido”. Afirmación que, al parecer, no toma en cuenta que el solo hecho de poder vernos y comentar sobre lo que hacemos puede ser una condición necesaria, pero no suficiente para construir relaciones auténticas. La idea de una comunidad digital surge como un intento de generar un espacio que posibilite una conexión global. Sin embargo, todos sabemos, 17 años después de su creación, que Facebook está lejos de ser lo que su creador anunció, y que la inteligencia artificial y los algoritmos no son lo que nos permitirán convertirnos en Comunidad.

Convivencia Humana

El Nosotros, implica colaboracionismo, generosidad, inclusión, respeto, calidez, solidaridad y aceptación, como sus condiciones más relevantes. Implica el reconocimiento del otro como un igual. ¿Cómo construir espacios en los que sean estos elementos los que regulen las relaciones? ¿Es posible convivir de otra manera?

Al revisar algunas experiencias históricas sobre la convivencia humana me encontré con esta declaración de un estudioso del mundo andino, Policarpo Flores Apaza: El ayllu es la reunión de mucha gente con sentimiento de hermandad; el ayllu incluso es una unión con la Pacha Mama, con las plantas y los animales, y para eso no se necesita ni política ni religión, solo un corazón grande. Nuestros abuelos tenían un gran corazón y andaban con paso seguro porque hablaban con la Pacha Mama, con las estrellas, con las flores.”

Incluso esto se muestra de manera evidente en el lenguaje. El antropólogo estadounidense Bruce Mannheim, quien estudia el quechua, nos muestra cómo esta lengua está enfocada en el prójimo. Así, por ejemplo, ello se evidencia en sus saludos. En español decimos “hola”; en quechua es “allillanchu” (¿estás bien?).  Para despedirnos, usamos “adiós” o “chau”; en quechua es “tinkunanchiskama” (hasta que nos volvamos a ver).  Es una lengua en que se valora lo colectivo; por lo tanto, sus pronombres y manifestaciones suelen ser aglutinantes e integrativas.

Por otra parte, en la ética africana el concepto Ubuntu nos propone una comunidad vinculada por premisas como las siguientes: “una persona se hace humana a través de las otras personas”; “una persona es persona en razón de las otras personas”; “yo soy lo que soy en función de lo que todas las personas somos”.  La creencia es un enlace universal de compartir que conecta a toda la humanidad.

La referencia a estas dos experiencias históricas nos demuestra que sí es posible la convivencia en comunidad. Hacerlo  desde el Amor Incondicional,  supone poner por encima de cualquier consideración la aceptación del otro; el darnos un lugar en el cual somos iguales en el sentido de que nuestras diferencias son parte de nuestra belleza como humanos; en la conciencia de que los caminos que recorremos son paralelos, no antagónicos; en el disfrute de la belleza de nuestra diversidad. 

Flores Apaza, Policarpio (2005). El hombre que volvió a nacer. Vida, saberes y reflexiones de un amawt’a  de Tiwanaku. 2ª edición. La Paz, Editorial Plural.