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Sueño Azul

09/12/20

Sueño Azul

Extracto Poesía “Sueño Azul” de Elicura Chihuailaf, Premio Nacional de Literatura de Chile 2020.

“La casa azul en que nací está situada en una colina 
rodeada de hualles, un sauce, castaños, nogales 
un aromo primaveral en invierno 
—un sol con dulzor a miel de ulmos— 
chilcos rodeados a su vez de picaflores 
que no sabíamos si eran realidad o visión ¡tan efímeros! 
En invierno sentimos caer los robles partidos por los rayos 
En los atardeceres salimos, bajo la lluvia o los arreboles, a buscar las ovejas 
(a veces tuvimos que llorar la muerte de alguna de ellas, navegando sobre las aguas) 
Por las noches oímos los cantos, cuentos y adivinanzas a orillas del fogón 
respirando el aroma del pan horneado por mi abuela, mi madre, o la tía María 
mientras mi padre y mi abuelo —Lonko de la 
comunidad— observaban con atención y respeto. 
Hablo de la memoria de mi niñez y no de una sociedad idílica 
Allí, me parece, aprendí lo que era la poesía 
las grandezas de la vida cotidiana, pero sobre todo sus detalles 
el destello del fuego, de los ojos, de las manos. 
Sentado en las rodillas de mi abuela oí las primeras historias de árboles 
y piedras que dialogan entre sí, con los animales y con la gente. 
Nada más, me decía, hay que aprender 
a interpretar sus signos 
y a percibir sus sonidos que suelen esconderse en el viento. 
Tal como mi madre ahora, ella era silenciosa 
y tenía una paciencia a toda prueba 
Solía verla caminar de un lugar a otro, haciendo girar el huso,  retorciendo la blancura de la lana 
Hilos que en el telar de las noches se iban convirtiendo en hermosos tejidos 
Como mis hermanos y hermanas 
—más de una vez— 
intenté aprender ese arte, sin éxito. 
Pero guardé en mi memoria el contenido de los dibujos 
que hablaban de la creación y resurgimiento del mundo mapuche 
de fuerzas protectoras, de volcanes, de flores y aves 
También con mi abuelo compartimos muchas noches a la intemperie 
Largos silencios, largos relatos que nos hablaban del origen de la gente nuestra 
del primer espíritu mapuche arrojado desde el Azul 
De las almas que colgaban en el infinito como estrellas 
Nos enseñaba los caminos del cielo, sus ríos sus señales 
Cada primavera lo veía portando flores en sus 
orejas y en la solapa de su vestón 
o caminando descalzo sobre el rocío de la mañana 

También lo recuerdo cabalgando bajo la lluvia 
torrencial de un invierno entre bosques enormes 
Era un hombre delgado y firme 
Vagando entre riachuelos, bosques y nubes 
veo pasar las estaciones: 
Brotes de Luna fría (invierno), Luna del verdor (primavera) 
Luna de los primeros frutos (fin de la primavera y comienzo del verano) 
Luna de los frutos abundantes (verano) 
y Luna de los brotes cenicientos (otoño) 
Salgo con mi madre y mi padre a buscar 
remedios y hongos 
La menta para el estómago, el toronjil para la pena 
el matico para el hígado y para las heridas 
el coralillo para los riñones —iba diciendo ella. 
Bailan, bailan, los remedios de la montaña 
—agregaba él 
haciendo que levantara las hierbas entre mis manos. 
Aprendo entonces los nombres de las flores y de las plantas 
Los insectos cumplen su función 
Nada está de más en este mundo 

El universo es una dualidad: 
lo bueno no existe sin lo malo. 
La Tierra no pertenece a la gente 
Mapuche significa Gente de la Tierra 
—me iban diciendo 
En el otoño los esteros comenzaban a brillar 
El espíritu del agua moviéndose sobre el lecho pedregoso 
el agua emergiendo desde los ojos de la Tierra. 
Cada año corría yo a la montaña para asistir 
a la maravillosa ceremonia de la naturaleza 
Luego llegaba el invierno a purificar la Tierra 
para el inicio de los nuevos sueños y sembrados 
A veces los guairaos pasaban anunciándonos 
la enfermedad o la muerte 
Sufría yo pensando que alguno de los 
mayores que amaba 
tendría que encaminarse hacia las orillas 
del Río de las Lágrimas 
a llamar al balsero de la muerte 
para ir a encontrarse con los antepasados 
y alegrarse en el País Azul 
Una madrugada partió mi hermano Carlitos 
Lloviznaba, era un día ceniciento 

Salí a perderme en los bosques de la 
imaginación (en eso ando aún) 
El sonido de los esteros nos abraza en el otoño 
Hoy, les digo a mis hermanas Rayén y América: 
Creo que la poesía es sólo un respirar en paz 
—como nos lo recuerda nuestro Jorge Teillier— 
mientras como Avestruz del Cielo por todas 
las tierras hago vagar mi pensamiento triste 
Y a Gabi Caui Malen y Beti, les voy diciendo: 
Ahora estoy en el Valle de la Luna, en Italia 
junto al poeta Gabriele Milli 
Ahora estoy en Francia, junto a mi hermano Arauco 
Ahora estoy en Suecia junto a Juanito Cameron 
y a Lasse Söderberg 
Ahora estoy en Alemania, junto a mi querido 
Santos Chávez y a Doris 
Ahora estoy en Holanda, junto a Marga 
a Gonzalo Millán y a Jimena, Jan y Aafke, 
Juan y Kata 
Llueve, llovizna, amarillea el viento en 
Amsterdam 
Brillan los canales en las antiguas lámparas 

de hierro y en los puentes levadizos 
Creo ver un tulipán azul, un molino cuyas 
aspas giran y despegan 
Tenemos deseos de volar: Vamos, que nada 
turbe mis sueños —me dig
o

Y me dejo llevar por las nubes hacia lugares desconocidos por mi corazón.

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