Transformación en un Mundo Incierto - Newfield Global
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Transformación en un Mundo Incierto

06/05/21

Transformación en un Mundo Incierto

José Luis Varela

Comité Editorial Newfield Network

El mundo ha adquirido tal velocidad que lleva a una necesidad incesante de adaptación. ¿Pero adaptarnos a qué? He acá una pregunta que genera angustias y ansiedades, pues el entorno se hace cada vez más impredecible y todo lo que construyamos en nuestro avance hacia el futuro puede quedarse obsoleto —o no servir para nada— en muy poco tiempo.

¿Cómo imaginar la transformación personal en un mundo que cambia tanto que hace difícil saber hacia dónde se dirige? ¿Cómo vencer esa sensación de miedo e incomodidad que produce moverse en medio de la incertidumbre?

Modernidad Líquida

Quien mejor definió el fenómeno que vive el planeta en las últimas décadas fue el filósofo polaco Zygmunt Bauman, describiendo el mundo de la modernidad como “líquido”, en contraste con un modelo sólido legado por anteriores generaciones.

“Las sustancias líquidas tienen dificultad para conservar su forma. Muchos sistemas y estructuras que parecían fuertemente arraigados, con el tiempo resultaron ser muy fugaces, cambiaron sin advertencia previa. El problema con la realidad líquida es la dificultad de pronosticar cómo se desarrollarán nuevas situaciones. Y como sabemos tan poco sobre ello, nos sentimos impotentes. La modernidad líquida es como si todo estuviera patas arriba comparado con el tiempo de la modernidad sólida donde todo parecía más perdurable (…) Estamos en una encrucijada con muchos caminos y muchas direcciones, y no sabemos bien qué sendero transitamos”, dice Bauman.

En sociedades que han confiado tanto en el poder de la ciencia para predecir, la idea de un futuro incierto —y de alguna manera fuera de control— genera los peores temores. “El miedo constituye, posiblemente, el más siniestro de los múltiples demonios que anidan en las sociedades abiertas de nuestro tiempo (…)La inseguridad del presente y la incertidumbre por el futuro incuban y crían nuestros temores más imponentes e insoportables”, agrega Bauman.

En un territorio sólido, las decisiones tienen una dosis de incertidumbre, pero siempre parecen estar enmarcadas por unas reglas del juego. Lo líquido supone jugar un juego en que las reglas cambian sin previo aviso, siempre con la sensación de que cada cambio en dichas reglas solo sirve para perjudicarnos. Adicionalmente esas nuevas reglas parecen desafiar los discursos que aprendimos, la cultura con la que crecimos, los mitos, los dogmas, que parecen irse desvaneciendo ante las nuevas realidades.

Procesos de Transformación

Estas nuevas realidades rasgan cualquier posibilidad de mantener espacios de estabilidad, que nos den una cierta seguridad de que podemos aferrarnos a algo que nos sea familiar.

La flexibilidad en cambio parece estar a la orden en este nuevo estado de cosas. El mundo nos muestra la necesidad de adaptarnos, de fluir con las nuevas situaciones y encontrar allí nuevas oportunidades. Si la estabilidad y la quietud raramente impulsan procesos de transformación personal, la crisis, la volatilidad y los momentos de caos e incertidumbre pueden generar en nosotros movimientos vitales, que nos lleven a modelar versiones de nosotros mismos con más recursos.

El desafío acá está en que los procesos de transformación demandan una conciencia clara de quiénes somos ahora y qué ansiamos lograr. Es en esta última parte donde la realidad exterior puede generar verdaderos dolores de cabeza. ¿Cómo podemos saber hacia dónde avanzar cuando el mundo a nuestro alrededor cambia sus pautas de forma permanente?

Ni siquiera podemos encontrar un refugio en nuestro mundo relacional, que también muestra cambios dramáticos en las últimas décadas. Varios autores señalan que las relaciones se han reemplazado por conexiones, que no demandan tanto compromiso ni mucha profundidad.

“Despojados de la protección que ofrecía en el pasado la red de vínculos sociales, los individuos se tornaron frágiles y vulnerables como nunca”, dice el sociólogo Robert Castell mientras que la socióloga Catherine Jarvie, habla de que ahora las relaciones son de bolsillo porque son “la encarnación de lo instantáneo y lo descartable”. “Nada de enamorarse, nada de conmoverse… sino vigilar “las clandestinas corrientes emocionales” para evitar “enganches afectivos”. “Una relación de bolsillo exitosa es agradable y breve”, dice Jarvie.

Un tipo de relación que se combina muy bien con un mundo cada vez más virtual donde, a través de las redes sociales, entro y salgo cuando quiera sin necesidad de comprometerme. Una relación se termina con apretar la tecla de Suprimir.

“Las nuevas tecnologías no comunican sino incomunican”, dice Dominique Wolton, quien por años ha investigado las consecuencias del nuevo flujo de información mundial.

En este contexto, la necesidad de transformación puede ser muy angustiosa e igualmente puede ser vista como una oportunidad. Una transformación implica anticiparse, aprender a fluir con las nuevas realidades, conocer nuestros recursos para lo que ese futuro borroso nos proponga.

Un buen ejemplo es la pandemia actual. Ha generado una oleada de liquidez global en términos de cómo un sistema sólido se licuó y nos obligó a adaptarnos por completo a un nuevo modelo de realidad. Y el mundo, sometido a un entorno inédito y complejo, se vio obligado a cambiar para hacerse cargo.

La transformación supone vernos a nosotros mismos enfrentados a estas circunstancias inéditas. ¿Qué emociones nos aparecen? ¿Cómo nos vivimos la incertidumbre? ¿El caos? ¿Cuál es nuestro poder de acción ante el desafío? ¿Qué tanto estamos dispuestos a movernos de nuestras prácticas actuales? ¿A fluir con las nuevas realidades? ¿Cómo estamos viviendo nuestras relaciones?

Parece todo un ejercicio de la flexibilidad de la que hablamos antes, y de activar nuestro cuerpo para habitar el caos y poder hacer frente a los desafíos que aparecen cada vez más rápido, y que tengo que aceptar para no permanecer abrumado ante el “no sé” o el “quiero tenerlo claro todo, todo el tiempo”.

El mundo líquido prácticamente nos exige transformarnos una y otra vez a medida que nuevos sucesos y nuevas prácticas aparecen. En un escenario tan volátil —que ya parece convertirse en un “mundo gaseoso” más que líquido— la transformación se convierte en el nuevo mundo cotidiano: el mundo puede exigirnos vivir en un estado permanente de transformación.

Eso del mundo gaseoso no es solo una metáfora. Da cuenta de la turbulencia y la volatilidad, de la imprevisibilidad de los movimientos y de las interacciones. Es como estar de frente a la sorpresa todo el tiempo: enfrentamos un mundo vaporoso para el cual necesitamos estar siempre preparados…